EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 221 –  NOVIEMBRE  2017
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La ALFALFA

(Medicaco sativa)

 

 

© José Ángel Rodríguez

Detalle de las flores y hojas de la Alfalfa.

Planta herbácea y vivaz, muy popular y conocida por su tradicional uso como forraje, que pertenece a la familia de las leguminosas, una de las más amplias del reino vegetal con unos 678 géneros y más de 18.000 especies, distribuidas por las regiones templadas, subtropicales y tropicales.

 

Dentro de la gran familia de las leguminosas, se distinguen tres subfamilias, perteneciendo la alfalfa a la subfamilia Papilioneidae, la mejor representada en las regiones templadas y que integra a especies de gran interés económico por su importancia en la alimentación como el guisante, la lenteja, la judía o la propia alfalfa.

 

Una de las cualidades naturales de la alfalfa  es que renace y vuelve a brotar tras su corte, no endureciéndose, echando brotes nuevos que pueden alcanzar el metro de altura. Aunque se suele decir que la alfalfa tiene un ciclo vital de entre cinco y doce años, dependiendo de la variedad utilizada, así como el clima, se estima que en condiciones benignas puede llegar a los veinte años. Aunque la alfalfa se suele cultivar en regadío, también tolera largos períodos de sequía, gracias a que sus raíces suelen ser muy profundas, pudiendo alcanzar hasta 4,5 metros de longitud.

Aunque actualmente la alfalfa se encuentra muy extendida, e incluso podemos encontrar plantas silvestres creciendo en el medio natural, que han escapado o son vestigios de antiguos cultivos, se estima que esta planta procede de la zona del actual Irán, en Asia, donde se considera que se comenzó su cultivo en los remotos tiempos de la Edad de Bronce, para alimentar a los caballos, siendo introducida y extendida en Europa por los griegos y romanos en torno al siglo V a. C. de modo que se estima que es una de las primeras plantas que cultivó y extendió por el mundo el hombre.

Por las cualidades naturales de la alfalfa y tener un alto poder alimenticio, al tiempo que es muy apreciada por los herbívoros y rumiantes, tradicionalmente se ha utilizado como planta forrajera en la alimentación animal, tanto para consumirse fresca como ya seca, aunque también ha sido utilizada en la alimentación humana cuando está tierna como sustituto de las espinacas y con similares aplicaciones culinarias. También se cuenta que sus semillas, enrolladas y de forma acaracolada, también se han utilizado para obtener harinas, tras ser molidas.

Por la importante cantidad de minerales, vitaminas y aminoácidos que contiene esta planta se ha empleado en etnobotánica  para combatir la anemia y como suplemento alimenticio, y en casos de problemas de artritis y artrosis. Otras curiosidades derivadas de los amplios usos dados a esta planta y sus diferentes partes cabe citar el de haberse utilizado externamente, para aliviar las picaduras de abejas, avispas y otros insectos, para lo que se aconsejaba “moler un puñado de semillas y mezclarlas con agua hasta que adquieran una consistencia pastosa. Colocando el ungüento en forma de cataplasma sobre la picadura”.