EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 233 –  NOVIEMBRE 2018
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LA AMAPOLA

(Papaver rhoeas)

 

© José Ángel Rodríguez

Amapolas en un campo de cereales poniendo el color. 

Efímera y colorida planta silvestre con una vistosa flor primaveral, de aspecto erecto, tallos color verde claro muy pilosos y hojas divididas en lóbulos dentados. Flores solitarias terminales, inclinadas al principio erectas en la floración. Su flor que aparece de unos capullos pendulares pilosos, es grande, entre 5 y 10 cms. de diámetros y cuenta con cuatro pétalos, que se desprenden con facilidad, de color normalmente rojizo, aunque también puedes presentarse tonalidades anaranjadas, o incluso blancas, con la base negra y muchos estambres. Su  fruto es una cápsula globular con 8-18 radios estigmáticos concrescentes, con el mismo número de poros por debajo que contiene numerosas semillas.

 

Esta planta es considerada como ruderar y arvense, que crece en campos de cultivo, en cunetas y solares abandonados, desde el nivel del mar hasta loa 1.800 metros de altitud, considerándose una mala hierba por su profusa aparición y número que puede llegar a suponer en los cultivos de cereales, hasta tintar los campos completamente de rojo en determinados momentos.

 

La amapola común es de la familia de las Papaveráceas, la misma que la de la adormidera, uno  de los más  temidos narcóticos, de comercio y consumo prohibido y penalizado por las leyes internacionales, por lo que mantiene algunas de sus cualidades y ejerce un suave efecto sedante sobre el sistema nervioso, al tiempo que se ha utilizado para combatir la tos espasmódica, la neumonía y para expectorar (hacer salir mucosidades de los bronquios). Otro uso que se ha dado a sus pétalos ha sido para preparar infusiones relajantes y para aplacar los nervios. Aunque, como todos los sedantes, se debe administrar sólo cuando es absolutamente necesario y con suma precaución.

 

Sus semillas, tostadas, han sido también muy apreciadas para condimentar en pastelería y panes de semillas, para lo que se ha utilizado junto con semillas de sésamo, o de girasol, en los panes integrales