EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 231 –  SEPTIEMBRE 2018
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LA CARRASQUILLA (Rhamnus myrtifolius)

 

© José Ángel Rodríguez

Carrasquilla con frutos maduros.

 

 

Arbusto de ramas gruesas y nudosas, que se adosa contra las peñas y roquedos, adoptando su anatomía a la superficie del terreno, preferentemente calcáreos de media montaña, con ramas muy intrincadas. Se localiza en ambientes bien soleados y soporta bien la sequía. Sus hojas son pequeñas, menudas, generalmente inferiores a 1 cms. casi enteras, sus flores, que aparecen muy temprano, entre febrero y abril, son pequeñas, de color blanquecino-amarillento y poco vistosas, mientras que el fruto de forma esférica, de pequeño tamaño (en torno a los 0,5 cms. de diámetro) adquiere una característica coloración rojiza en su maduración al final del verano.

La carrasquilla es una planta que ha tenido un amplio uso etnobotánico, incluso en tiempos actuales se comercializan preparados de esta planta en forma de cápsulas, así sus flores han sido empleadas en infusiones para rebajar la sangre y como hipertensoras (para tratar la tensión arterial alta).

La corteza de la carrasquilla, muy rica en taninos, ha sido también empleada para tratar pieles y para darle color a los encurtidos. Mientras que sus hojas han sido también utilizadas en infusiones, para lavar heridas superficiales y bucales, para lo que se empleaba en gargarismos.

Por último señalar como la madera de la carrasquilla, aunque es de pequeño tamaño en consonancia con el de la planta, es muy dura y de grano muy fino, por lo que se presta muy bien a la pulimentación, habiendo sido empleada para confeccionar objetos de lujo de escritorio y tocado.