EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 231 –  SEPTIEMBRE 2018
SI DESEA SUSCRIBIRSE HAGA CLICK AQUÍ

El CIRUELO (Prunus domestica)

 

© José Ángel Rodríguez

Flores del ciruelo. Son pedunculares y blancas y aparecen antes que las hojas.

 

El ciruelo es un árbol de hoja caduca y fruto comestible, de la familia de las rosáceas, que puede alcanzar los 10 metros de altura, siendo su altura más corriente entre los 4 y 7 metros. El tronco  tiene la corteza de un color pardo-azulado, brillante, pudiendo ser lisa o agrietada longitudinalmente. Produce ramas alternas, pequeñas, delgadas, unas veces lisas, glabras y otras pubescentes y vellosas. Sus hojas son ovales, pequeñas y dentadas, de color verde, lisas por el haz y pubescentes por el envés. Mientras que sus flores, que aparecen de marzo a mayo (en la Sierra de Baza hasta principios de junio) son  blancas, solitarias y pedunculares apareciendo antes que las hojas. Aunque pueden confundirse con las flores del cerezo, se diferencian en que las del ciruelo tienen pedúnculos más cortos que los de las flores del cerezo  y son pubescentes, aplastadas y cuentan con pequeñas yemas de escamas ásperas.

La parte aprovechada de este árbol es el fruto, una drupa redonda u oval recubierta por una cera blanquecina (pruina), de color amarillo, rojo o violáceo, con pedúnculo mediano, peloso, con hueso oblongo, comprimido, algo áspero y que por un lado presenta una sola costilla. Dentro del hueso se encuentra una sola semilla y excepcionalmente dos, al producirse lo que se suele llamar “aborto de la otra”. Hay que tener presentes que estas semillas pierden después de un mes la facultad germinativa, por lo que si queremos reproducir el ciruelo por hueso hay que sembrarlo nada más recogerlo del árbol una vez que le hemos eliminado la pulpa.

 

El ciruelo se cree originario del sudoeste de Asia o del Caúcaso, de donde se habría extendido desde la antigüedad como especie domesticada y aprovechada por el hombre, a lo que hace alusión su nombre científico y se encuentra en la actualidad ampliamente extendido por el planeta, al ser uno de los frutales más rústicos y fáciles de cultivar, resistiendo bien las bajas temperaturas. También es frecuente su cultivo en la Península Ibérica e Islas Baleares.

 

El principal y tradicional aprovechamiento del ciruelo es para el consumo humano de su fruto, de excelente calidad, bien como fruta fresca, en conserva y mermeladas o seca, para lo que se extienden al ser, en un  lugar que no tena humedad las ciruelas, a las que se le dan varias vueltas hasta que quedan completamente secas, guardándolas en un lugar sin humedad.

 

El fruto del ciruelo se ha considerado un remedio tradicional contra el estreñimiento. Esta propiedad es debida a su riqueza en fibras naturales. Una receta tradicional para conseguir un buen y rápido efecto laxante, es la que consiste en pelar unos 200 gramos de ciruelas, quitarles el hueso y hervirlas en vino blanco durante unos 20 minutos, guardando en fresco de conservas la mermelada que se obtenga la que se consume 1 ó 2 cucharadas al acostarse y al levantarse. Otro remedio tradicional contar el estreñimiento es el que nos cuenta que se dejan en un vaso, por la noche, 3 ó 4 ciruelas, y al levantarnos se bebe el agua el vaso y se consumen las ciruelas con su piel.