EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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EL GUILLOMO (Amelanchier ovalis)

 

© José Ángel Rodríguez

Ejemplar en floración de guillomo. Sierra de Baza, mayo-2008.

 

Arbusto caducifolio perteneciente a la familia de las rosáceas, carente de espinas, que puede alcanzar los tres metros de altura, con ramas delgadas y erectas, de color rojizo, que se tornan de una tonalidad negruzca en los ejemplares viejos. Sus hojas son alternas y tienen forma ovalada, de donde toma el epíteto específico de su nombre científico (ovalis), son de color verde oscuro por el haz y más claras por el envés, de tamaño pequeñas y dentadas, al principio cuentan con un fieltro blanquecino, parecido a la borra, que va desapreciando en los meses posteriores. Las flores que aparecen antes que las hojas, se agrupan en ramilletes (corimbos) y son de un blanco puro contando con cinco pétalos estrechos, alargados y separados entre sí, a diferencia de otras rosáceas. Sus frutos, que aparecen a final del verano, son comestibles de color negro-azulado cuando están maduros, coronado por un cáliz persistente. Se cría en bosques abiertos, roquedales y laderas
pedregosas, principalmente en las montañas calcáreas del centro y sur de Europa, en zonas boscosas y de matorral caducifolio no muy densas y sobre terrenos rocosos, en cuyas paredes y cantiles se encarama. Se suele localizar entre los 1.300 y 2.200 metros de altitud, de los pisos meso y supramediterráneo, pudiendo también  llegar al piso oromediterráneo, al soportar muy bien tanto las heladas invernales como las ausencias de precipitaciones estacionales.

El guillomo es una bellísima planta, por lo que se cultiva en jardinería como planta ornamental, por su abundante floración y el follaje otoñal, que resulta deslumbrante, de un color rojo intenso, muy atractivo.

 


En la etnobotánica se ha utilizado con fines medicinales las ramas de la corteza, cuya recolección se efectúa en los meses de primavera, cuando se recoge la corteza -que es la parte a utilizar- para después proceder a efectuar el secado a la sombra, por debajo de los 40º C y en lugares bien ventilados. Se prepara en infusión de la corteza, para lo que se añaden 35 gramos de corteza a un litro de agua, dejándolo en contacto con el agua hervida y apartado del fuego durante diez minutos; al alcanzar los 40º C se añade un gramo de bicarbonato sódico, con lo que se aumenta su efectividad. Se pueden tomar un total de tres tazas al día, con fines terapéuticos para aprovechar sus propiedades diuréticas, para tratar enfermedades renales, particularmente las inflamaciones del riñón (nefritis) de aquí que también es conocida este arbusto como “planta del riñón”.

 

 

 

Por su espectacular floración, atractivo fruto y bello colorido otoñal, También se utiliza esta bella planta, que atrae mucho a las aves, en jardinería para la formación de setos y como árbol aislado en jardines naturales. Su fruto, de sabor agradable, son unas bayas, de color negro-azulado, con numerosas semillas interiores,  que se consumen crudas o cocinadas, preparando mermeladas, compotas o tartas. Los frutos, que tienen un tamaño similar al de un guisante, también se han utilizado como expectorante y para tratar la tos.