EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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LA HIEDRA (Hedera helix)

© Proyecto Sierra de Baza 

Hojas y fruto de la hiedra.

Planta trepadora o rastrera, que puede vivir más de quinientos años y desarrollar ramas y roncos muy gruesos. Sus hojas, de color verde oscuro, son alternas, pecioladas y perennes. Sus frutos son de color verde al principio y negro azulado en la madurez, que se agrupan en umbelas terminales, que se localizan en las puntas de los tallos y son unas bayas que contienen de 3 a 5 semillas. La hiedra es un arbusto trepador que desde antiguo ha llamado la atención de naturalistas y escritores: “hiedra que por los árboles caminas / torciendo el paso por su verde seno”, dice de una forma muy elocuente e ilustrativa  Garcilaso de la Vega en una estrofa de la Egloga I  escrita en 1536, para referirse a esta planta.

Esta planta es muy frecuente en toda Europa y podemos localizarla desde el nivel del mar hasta prácticamente los 1.800 metros de altitud.

La hiedra ha despertado sentimientos muy encontrados, así mientras que algunos la considerar como símbolo de la inmortalidad, otros ven en ella el símbolo de la ingratitud, en cuanto que suele ahogar y matar a los árboles sobre los que se apoya y sus raíces son capaces de agrietar y derribar muros. Por ello no está bien visto regalar hiedra o mandársela a alguna persona, si no hay una confianza muy clara, pues puede interpretarse como que estamos llamando a alguien ingrato y desagradecido con nosotros.

Roger Calais en su publicación “Las plantas y el ocultismo” (1984), indica que es una planta consagrada a Mercurio y los naturales de Montenegro (zona de la antigua Yugoslavia) el Día de Navidad adornaban sus puertas con ramos de hiedra, considerando que de este modo quedaban protegidos durante todo el año de las maquinaciones de sus enemigos. Este mismo autor refiere que en algunas aldeas de Alemania subsisten algunas costumbres ancestrales, y entre ellas cuenta la de que la primera vez que se extrae leche de una vaca, lo que ocurre siempre en primavera, practican la operación a través de una corona de hiedra; actuando de esta forma consideran que el animal seguirá dando leche sin experimental enfermedad alguna.

La hiedra (yedra en los libros antiguos de farmacia) es una planta a la que se le atribuyen poderes ocultos desde los tiempos más remotos, que pasó a nuestra literatura popular. Así la flor de la hiedra formaba parte de los filtros amorosos de la Celestina, personaje de la obra de Fernando de Rojas.

Los frutos de esta planta, por su alto contenido en hederina son tóxicos y su ingestión puede provocar la muerte, por lo que debemos de emplearla tan solo en usos externos. Con este fin se utilizan sus frutos en medicina popular, considerando que tiene virtudes cicatrizantes y para tratar durezas de la piel. Manuel Moya, un pastor de la Sierra de Baza, nos contaba que para eliminar cayos, durezas y verrugas, se colocan una hojas de hiedra en vinagre durante una noche y al día siguiente se colocan sobre el lugar a tratar sujetándola fuertemente con una venda, retirándolas a las 24 horas siguientes, lo normal -decía- es que se desprenda la verruga o callo con la sola ayuda de una uña, pero de no ser así se repite la operación otra vez más y se obtendrá el resultado deseado.  

La hiedra tiene otros muchos usos y aprovechamientos, pero quizá sea el más curioso el que se le daba en la farmacopea francesa del S. XIX en el que aprovechando su resina, llamada gomorresina de hiedra, se obtenía un producto que se utilizaba para depilar y retirar el bello de las damas.

Una costumbre de origen pagano que se pierde en el tiempo, y que aún perdura en nuestra zona en los establecimientos en que se vende el popular vino del país, es colocar sobre la puerta de las casas en que se vende vino un ramo de hiedra, que avisa a los transeúntes que pasan por allí que es un lugar de venta de vino. El origen de esta tradición se remota a la mitología griega, en la que  Dioniso o Dionisos,  dios del vino, y del que se cuenta que fue él quien enseñó a los hombres a cultivar la vid y a fabricar el vino, se representaba cubierto con una corona de hojas de hiedra o vid.  A partir del S. IV el personaje pasó a la mitología romana con el nombre de Baco, el que también aparecía representado con una corona de hiedra y es esta asociación de hiedra = vino la que ha perdurado en la simbología popular hasta nuestros tiempos y se colocan ramos de hiedra en las puertas de las tabernas y casas de venta de vino, anunciando públicamente la presencia pública del producto.  Baco se representa en un célebre cuadro de Cervantes conocido como “Los Borrachos” semidesnudo y con una corona de hiedra.