EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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LA HIGUERA (Ficus carica)

© Proyecto Sierra de Baza 

Detalle del fruto y hojas de la higuera.

Pequeño árbol que puede alcanzar los siete u ocho metros de altura, con raíces superficiales, vigorosas y potentes, de tronco corto y grueso, hojas caducas de gran tamaño y formas muy variables, que se desprenden en otoño para brotar nuevamente a final del invierno.

La higuera es una planta propia de la cuenca del Mediterráneo y Asia, donde ha acompañado al hombre desde la antigüedad. Se considera una planta termófila, que no soporta las bajas temperaturas, ni asciende en altitud más de los 1.000 metros. Su madera es de muy mala calidad, no siendo buen combustible. Popularmente se dice que el humo de la leña de higuera “te vuelve loco”, posiblemente por la presencia de sustancias alucinógenas que al respirarse con el humo pueden provocar extrañas sensaciones a las personas próximas al fuego. 

Mucho podría escribirse de la higuera, una planta rodeada de misticismos y ambivalencias, a la que podemos encontrar numerosas citas en diferentes religiones y culturas. Así se cuenta en el Antiguo Testamento como sirvió para tapar la desnudez de Adán y Eva, tras probar el fruto prohibido y ser expulsados del Paraíso Terrenal. Como también se cita en el Nuevo Testamento por San Marcos a la que le dedica una parábola que precisamente lleva su nombre: Parábola de la Higuera (13,28).  

En la tradición budista, la higuera también desempeña un importante papel, considerándose que Buda alcanzó la iluminación debajo de una higuera. Se cuenta que mientras estaba en meditación profunda bajo una higuera conocida como el árbol de Bohdi en la cultura budista, lo que significa "árbol de sabiduría", experimentó el nirvana, el grado más alto de conciencia de Dios. 

En Grecia, la higuera estuvo consagrada a Dionisio, el dios de la abundancia de la naturaleza, interpretándose que existe una clara relación entre la higuera, la vid y la hiedra. 

En la leyenda de la ciudad de Roma, se cuenta que Rómulo y Remo nacieron debajo de una higuera. Tradición que ha pasado a muchos pueblos y razas, como ocurre con los gitanos, que cuando van a dar a luz en la naturaleza, sin ayuda hospitalaria, optan por hacerlo debajo de una higuera. Nosotros hemos tenido conocimiento de un reciente caso de una mujer gitana en Baza, Antonia “La Pelaya”, que para dar a luz a su hijo al no poder ir al hospital por presentársele rápidamente el alumbramiento cuando estaba en el campo, buscó una higuera. A esta mujer se le preguntó por qué había escogido una higuera para tener a su hijo, su respuesta fue que era para que la higuera los protegiera y naciera el hijo sano y con más fuerza. 

Las relaciones y simbolismo de la fertilidad y la higuera, se extienden  prácticamente por todo el Planeta, y se interpreta que el látex o leche que desprende la higuera en las diferentes especies del género ficus que se extienden sobre el Planeta (unas 600), es el semen del árbol que fecunda la tierra. Albert Fagas en su libro “La energía de los árboles”, cuenta un curioso simbolismo de algunas islas de Nueva Guinea, relacionado con la fecundidad de la tierra. Así relata como la higuera sagrada es la vía que utiliza el sol para fecundar a la tierra fértil. Para facilitar el descenso solar y el coito sol-tierra, colocan debajo del ficus una escalera de siete peldaños y le ofrecen al árbol todo tipo de alimentos: cerdos, perros, arroz, bebidas, etc. 

Las higuera que conocemos nosotros y de la que consumimos sus frutos con muy amplias formas y variedades (martos, de cuello paloma, verdales, pajareros, etc.) son formas domesticadas o cultivadas que proceden de la forma silvestre, la cabrahiguera, también llamada higuera silvestre e higuera bravía, la que podemos localizar en riscales, taludes y terrenos marginales. Su fruto es notoriamente menor que el higo cultivado. 

La mayor popularidad etnobotánica de la higuera viene de su fruto: el higo. El fruto no solo es de muy buen sabor, pudiéndolo consumir tanto fresco como seco, sino que además tiene muchas propiedades nutritivas, siendo rico en fibra, glucosa, fructosa, sacarosa, proteínas, hidratos de carbono, minerales (sodio, potasio, magnesio, calcio y hierro), además de oligoelementos. 

Platón consideraba al higo como el alimento perfecto para los filósofos, al estimar que reforzaba la inteligencia, lo que tradicionalmente algunos estudiantes han aprovechado para mejorar su capacidad de concentración y memoria. Una antigua receta que circulaba entre los estudiantes universitarios desde tiempos antiguos y que ahora está en desuso por el uso (y abuso) de otros preparados químicos, era tomar 3 ó 4 higos secos cada noche antes de ponerse a estudiar, que se introducían dentro del cazo de leche que se ponía a hervir, consumiendo posteriormente tanto los higos como la leche, endulzada con el néctar de los propios higos. 

Los higos son ligeramente laxantes y también se emplean en medicina popular para ablandar la tos y evitar la ronquera. 

El látex o leche que fluye de la base de las hojas y de los higos verdes al arrancarlo es utilizado en la medicina popular para combatir las verrugas. Este látex también se considera que tiene las virtudes de cuajar la leche, por lo que es una practica muy popular fabricar queso artesanalmente moviendo la leche cuando hierve en el fuego con una rama de higuera. En nuestra publicación Guía para conocer y visitar el Parque Natural Sierra de Baza, en la página 313, dentro del capítulo dedicado a gastronomía, precisamente se reproduce una imagen de la elaboración artesanal de queso con este método con el siguiente pie de foto: “La Tía Anica, que aún hace queso al estilo serrano, cuenta que para que no se corte el queso, hay que moverlo siempre a derechas con una rama de higuera. Noviembre 1997”.

Receta para elaborar el pan de higo de la Sierra de Baza

Se cortan y abren por la mitad 500 gramos de higos secos, y con ayuda de un cuchillo se separa la piel de la pulpa. Una vez separada la pulpa, se mezcla con 100 gramos de almendras y nueces finamente picadas con un cuchillo. Todo ello los colocamos en un recipiente de vidrio o cerámica y le añadimos una copita de anís dulce, mezclando manualmente el producto hasta conseguir una masa homogénea, tras lo que se compacta con una botella de forma esférica, presionando la masa hasta endurecerla. Finalmente se envuelve con un paño de hilo y se deja 24/48 horas con peso.