EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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LA PEONÍA

(Paeonia officinalis)

© Proyecto Sierra de Baza
Detalle del fruto de la peonía, con sus características semillas rojas y negras, con las hojas de la planta ya secas

 

La peonía es una bellísima planta vivaz, nombre que reciben los vegetales que, aunque pierden todos los años la parte aérea de la planta al final del otoño, en la primavera siguiente vuelven a salir los tallos y hojas gracias a los rizomas de sus raíces que la mantienen con vida bajo la tierra en la época más fría del año. Los tallos de la peonía son erectos y cuentan con hojas basales glabras con el haz brillante. Su flor, que aparece entre mayo y junio, es muy grande y llamativa, pudiendo tener unos 15 cms. de diámetro. Los pétalos son de un dulce y delicado color rosa y cuenta con abundantes estambres amarillos. El fruto de 4 a 5 cms. es un folículo (forma semejante a una legumbre, que se abre por un solo lado) siendo de aspecto pilosos y forma alargada; en el interior del fruto se encierran unas semillas de color rojo y negro, siendo mayoritarias las de color rojo, de aspecto brillante y muy atractivo. Por error se puede leer en algunas publicaciones que las semillas son rojas cuando están verdes y se oscurecen y se tornan negras cuando están maduras, cuando las semillas son al mismo tiempo rojas y negras, de modo que se presentan de modo indistinto en un mismo momento del fruto, como puede apreciarse en la imagen que se reproduce.   

 Las dos especies de peonías que se localizan en nuestra geografía (Paeonia broteroi y Paeonia officinalis) tienen usos y aprovechamientos etnobotánicos similares, aunque es la P. officinalis, también conocida como rosa de Marte, rosa santa y rosa de Santa María, por el parecido de su flor con el de la rosa y sus santas cualidades, la que ha tenido un mayor uso y reconocimiento de la medicina tradicional.

Pío Font Quer en su obra “Plantas medicinales. El Dioscórides Renovado” (pág. 203) refiere como el uso médico de la peonía se remonta al siglo IV antes de Jesucristo. Este mismo autor señala que desde tiempos de Hipócrates y Teofrasto han sido utilizadas diversas partes de esta planta contra la epilepsia. Si bien nosotros y por la presencia en esta planta de principios tóxicos cuyo uso aconseja sea limitado al prescrito por facultativo especialista, vamos a limitarnos a referir la curiosa costumbre, cuyo uso se pierde en los tiempos, de confeccionar con sus bellas semillas collares que se colocaban en el cuello de los niños que sufrían epilepsia, para curarlos o prevenirlos del mal. Pío Font Quer, refiere que el uso del collar de semillas de peonías, a modo de benéfico amuleto, también fue recomendado por Paracelso y su uso estuvo muy extendido en la antigüedad. Font Quer también nos cuenta que a los niños que se le colocaba el collarcito de semillas de peonía, les salían los dientes con más facilidad y menos dolores. Andrés de Laguna (1570) en sus comentarios a Dioscórides, decía que los granos negros de la peonía tenían unas cualidades muy positivas para el hombre comentando al efecto como: “Dicen que adonde ella estuviese no entran malignos espíritus, ni fantasmas, ni brujos”.    

El análisis químico de las semillas de peonía ha puesto de manifiesto que contienen mucho aceite (un 25 %) y un alcaloide conocido como peregrinina.      

Nosotros no sabemos si todas estas mágicas cualidades de las semillas de peonía son o no ciertas, y nos hacemos eco de las mismas por su curiosidad, pero sí podemos asegurar que con sus semillas se pueden confeccionar  unos collares y pulseras muy vistosos y naturales. Si de camino conseguimos ahuyentar  a los malignos espíritus, fantasmas y brujos, mejor.

La peonía es una planta que está muy bien representada en la Sierra de Baza, aun cuando está limitada al piso mesomediterrráneo de la zona caliza del Parque, donde podemos localizarla en terrenos frescos y húmedos, próximas o asociadas a los acerales y bosques caducifolios. Nosotros la hemos visto en la zona del Barranco del Peral (próximo a Narváez); Calar de Rapa; Calar de Santa Bárbara; Calar de Casa Heredia, Collado del Resinero y en la zona del Picón de Gor (particularmente en la parte alta del Barranco Perrera), donde es muy abundante.