EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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EL QUEJIGO ANDALUZ (Quercus faginea)

© José Ángel Rodríguez

 Hojas otoñales y agallas del Quejigo andaluz.

 

También llamado Roble Carrasqueño y Roble Carballo, el Quejigo es un bonito árbol caducifolio,  que puede alcanzar los 20 metros, cuando crece en buenas condiciones, con suelos profundos, aunque también es habitual encontrarlo con forma y porte arbustivo. Su tronco es robusto, con corteza pardo grisácea, de poco espesor y resquebrajada en grietas poco profundas, longitudinales y transversales, como se aprecia en la siguiente imagen, en la que se representa un detalle del tronco del Quejigo, que permite diferenciar su tronco, claramente del de la encina, especie con la que se presta a confusión, cuando no se le han caído al Quejigo las hojas o no ha adquirido la coloración otoñal, lo que no ocurre en la encina que conserva las hojas durante todo el año, sin variaciones cromáticas.

 

© José Ángel Rodríguez

Detalle del tronco de un quejigo

 

Los frutos del Quejigos, como todas las plantas del género Quercus al que pertenece, son bellotas,  que son comidas y aprovechadas por el ganado, también por algunas aves como el arrendajo, las que nacen solitarias o en grupos sobre pedúnculos muy cortos y gruesos, con cúpula o cascabillo de escamas algo desiguales, las inferior mayores y gibosas en el dorso. No deben de confundirse con el fruto de este árbol las agallas esféricas que suelen aparecer en el Quejigo, y que se reproducen en la imagen que ilustra esta ficha, y que son producidas por la picadura de una avispa. Estas agallas tampoco aparecen en la Encina, lo que también permite diferenciar un Roble andaluz de una Encina. Como curiosidad ecológica decir que las agallas son una especie de tumores vegetales, conocidos científicamente con el nombre de fitomas, y que son provocados por la picadura de una avispa pequeña en el Quejigo andaluz y otros robles. Junto con la incisión, este insecto deposita un huevo en la rama del que saldrá una larva muy parecida a un gusanillo. Como los Quejigos ha desarrollado un sistema de defensa para que la larva no se coma partes vitales de la planta, se crea un crecimiento anormal de un tejido alrededor del huevo y lo mantiene aislado en un lugar seguro que se convierte, a la postre, en el mejor hogar para la avispa, ya que en su desarrollo se alimenta de las sustancias que hay en el interior de la agalla, saliendo el adulto por un agujero que excava en la corteza de la misma.

La madera del Quejigo es dura y resistente, siendo buena para traviesas y aceptable para duelas, habiéndose aprovechado para leña y carbón. Actualmente es muy poco usada la madera, debido a su escasez. La corteza, rica en taninos, también se ha utilizado para encurtir. Los taninos de la agalla se han utilizado como tintura negra, e incluso para curar heridas leves por su capacidad de favorecer la cicatrización.

En la Sierra de Baza, de donde proceden las imágenes que ilustran este artículo, formando parte de los caducifolios oromediterráneos de los acerales-quejigales, uno de los ecosistemas más singulares de este espacio protegido, alcanzado aquí el récord de altitud para la especie (2.100 m.) en las inmediaciones del Barranco de la Fonfría, entre los calares de Santa Bárbara y Casa Heredia.