EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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LA SABINA RASTRERA (Juniperus sabina)

© José Ángel Rodríguez

Manto de sabinas rastreras cubriendo la zona de pinos oromediterráneos del Parque Natural Sierra de Baza

La sabina rastrera es un arbusto postrado, que como su nombre popular alude, se arrastra y pega al suelo, aun cuando puede alcanzar un metro de altura, con numerosas ramificaciones muy abiertas y espesas, su forma es más ancha que alta.

Todas las variedades de sabinas, pertenecen al género Juniperus, que, a su vez, pertenece, junto con los géneros Thuja - Tetraclinis - Cupresus, entre otros, a la clase de las coníferas.

Sus hojas, que son muy pequeñas, miden de 1 – 1,25 mm, son perennes, escuamiformes (en forma de escama), imbricadas y dispuestas en 4 hileras.

Se trata de un arbusto dioico, lo que significa que se presentan en pies diferentes los ejemplares masculinos y femeninos, aunque excepcionalmente podemos encontrar ejemplares que tienen ambos sexos, que florece desde septiembre hasta la primavera, de forma poco vistosa, pasando prácticamente desapercibida, dando lugar a un fruto esférico, un gálbulo que es un tipo de fructificación carnosa con forma de bayas globulares e indehiscentes de 4-7 mm de diámetro y color negro-azul cuando están maduras, las que contienen en su interior de 2-3 semillas. El fruto de la sabina se denomina "trabinas".

La sabina rastrera, se cría en las cumbres de las montañas, principalmente en las calizas, desde los 1.500 a los 2.500 metros de altitud, al ser una especie queresistente muy bien tanto el calor como el frío intenso de zonas continentales. Aparece asociada, con mucha frecuencia al pino silvestre o albar, también el pino laricio, soportando muy bien las bajas temperaturas, así como los suelos esqueléticos y pedregosos, donde domina un manto muy compacto de sabinas, que comparten territorio con el enebro rastrero, especies muy abundantes en todo el macizo central del Parque Natural Sierra de Baza, donde podemos comprobar cómo está colonizando antiguas escombreras de las minas abandonadas.

Como destaca Francisco Morente en el riguroso y buen documentado trabajo que sobre Flora y vegetación publica en nuestra publicación “Guía para conocer y visitar el Parque Natural Sierra de Baza, cuando localicemos en el Parque un enebro o una sabina, podemos estar seguros de lo siguiente: el suelo que ocupa está bien colonizado, siendo un excelente control natural frente a la erosión, sequía e insolación. Son plantas de crecimiento lento, que buscan humedad por medio de prolongadas raíces, extendiéndose y adentrándose por entre las grietas, fijando el terreno. Pero es que también desempeñan un importante papel para la protección y dispersión de otras especies vegetales, que encuentran cobijo dentro de su maraña de tallos y hojas, frente a los herbívoros, hasta que alcanzan desarrollo para superar el porte de la propia sabina y manifestarse como especie autónoma aunque dependiente y asociada a la sabina. Esto lo saben bien nuestros botánicos, que buscan muchos elementos endémicos entre la maraña de los mantos de sabinas, y que no podrían desarrollarse fuera de las mismas.     

El principal uso etnobotánico de la sabina es como especie ornamental, aun cuando posee propiedades medicinales, emenagoga, emética y se ha utilizado en usos cutáneos para prácticas como el tratamiento de las verrugas, su resina es irritante y venenosa, debiendo de tenerse en cuenta que contiene una toxina llamada Sabinol que es peligrosa y mortal, incluso en pequeñas dosis, para el hombre, por lo que está totalmente desaconsejado y rechazado su uso en medicina popular. Los animales lo saben y rechazan consumir esta planta, lo que sin duda ha contribuido a su expansión natural en lugares como la Sierra de Baza, pese a soportar su territorio una alta presión de herbívoros naturales y silvestres.

Tal es la toxicidad de esta planta que incluso la miel producida por abejas que han recolectado el polen de sus flores, no es apta para el consumo humano, lo que conocen bien los colmeneros que se abstienen de colocar colmenas en las proximidades de zonas en las que abunda la sabina rastrera.

En la literatura científica se cuentan algunos casos abortos provocados con esta planta, la que se considera planta abortiva, pero no porque ejerza ninguna acción específica sobre el útero, sino porque congestiona de tal modo todo el bajo vientre, que llega a provocar la expulsión del feto; pero lo hace a dosis tan altas que normalmente antes de morir el feto suele morir también la madre, por lo que es PLANTA VENENOSA Y MUY PELIGROSA EN USO MEDICINAL.