EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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LA SIEMPREVIVA MAYOR

(Sempervivum tectorum)

 

 © José Ángel Rodríguez

Ejemplar en floración de siempreviva. Sierra de Baza, julio-2007.

 

También conocida con el nombre de barbas de Júpiter, la siempreviva es una bellísima planta perteneciente a la familia de las crasuláceas, las que se denominan así por la crasitud de sus hojas, que constituye verdaderos reservorios de agua, que permite a la planta resistir grandes períodos de falta de agua, tanto por su ausencia estival, como por falta de disponibilidad invernal, por estar congelado el líquido elemento, lo que le impide a las plantas disponer de él, permaneciendo siempre verde, de donde toma su nombre, de modo que parece impasiva e indiferente tanto ante los rigores del invierno, como ante los tórridos veranos.

Las hojas crasas basales se agrupan en rosetas de las que emerge de su parte central un largo y grueso tallo que termina en un racimo de flores, que aparecen en verano, es de color variable, pero en lo que respecta a la especie que vive en nuestra sierra, también en Sierra Nevada, y que es la que reproduce la imagen, es de un bello color rosa fúsia, con adornos rojos y estambres muy visibles.

La siempreviva es una planta que tradicionalmente ha tenido ampliados usos etnobotánicos, aunque sus usos más tradicionales han sido para curar quemaduras, sabañones, callos y otras afecciones de la pie, para lo que se cortaba una hoja por su mitad horizontal y se aplicaba sobre el lugar afectado, también se usaba en forma de emplastos, que se colocaban sobre la yaga o lugar de la piel a tratar, cubriéndolos con una venda. Pío Font Quert cuenta que el zumo de esta planta es útil para tratar el dolor de cabeza y que bebido con vino “extermina las lombrices redondas del cuerpo”. Aunque el mayor uso que ha tenido esta planta es ornamental, en jardines de roca (roquedos) y macetas, pero particularmente cubriendo los tejados de las casas, al considerar la tradición popular que ahuyenta el rayo. Tanto es así que se cuenta que Carlomagno (742-814 d.C), rey de los francos, mandó que se plantara en los tejados de las casas de labor imperiales, para que las protegiera de los rayos. El nombre de barbas de Júpiter, con el que hemos indicado también es conocida la planta, se debe a esta creencia de tener la planta facultades para ahuyentar el rayo.

En la zona caliza de la Sierra de Baza, donde es relativamente frecuente en altitud, se localiza una especie endémica de siempreviva, posiblemente sea uno de nuestros más singulares endemismos, la que si bien presenta similitud con otra especie también endémica localizada  en Sierra Nevada (Sempervivum tectorum subsp. lainzii), también llamada siempreviva de Sierra Nevada, se considera que las especies nevadenses están emparentadas con las plantas de la Sierra de Baza que crecen en la zona silicícola de este Parque, pero no con las plantas del macizo central, que por sus características geológicas calizas, se estima que constituyen plantas con caracteres propios, en cuanto que las plantas de la Sierra de Baza son más homogéneas, más aterciopeladas y notoriamente mayores que los ejemplares de Sierra Nevada, además, de que sus flores son ligeramente diferentes (presencia de linéoles abundantes contrariamente al color homogéneo de las formas de Sierra Nevada). Por lo que por algunos autores se ha propuesto que sería más adecuada la  nomenclatura separada de estas dos poblaciones (G. Dumont, 2000).