EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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El tártago (Euphorbia lathyris)

© Proyecto Sierra de Baza

Mata de tártago en su ambiente natural en la Sierra de Baza

También conocido con el nombre popular de lechetrezna, en alusión a la resina o látex de aspecto lechoso que exuda de sus tallos y hojas cuando se cortan, es una planta herbácea perteneciente a la familia de las euforbiáceas.

Posee un tallo rollizo, simple y con las hojas colocadas una enfrente de la otra; tanto las hojas como el tallo son enteramente lampiños. Las hojas son de textura lisa y de color verde azulado oscuro. Hacia la corona, las hojas se vuelven más cortas y toman forma triangular, tomando el aspecto de una roseta floral, como se ilustra en la imagen que se reproduce de una planta de tártago parcialmente encerrada en un bloque de hielo, sin que aparentemente le afecte esta situación extrema. El tallo solo se ramifica cuando va a florecer y lo hace de manera ahorquillada, pudiendo alcanzar hasta un metro de altura. Su fruto tiene forma globulosa deprimida y está dividido en tres partes que encierran numerosas semillas negras en su interior.

Es una planta, que se ha especulado con que es originaria de la  India o de África, lo que parece cuestionable dada su amplia distribución en diversos países y lugares del mundo. En cualquier caso se trata de una planta que se adapta fácilmente a diferentes ambientes, debido a su gran rusticidad y resistencia a la sequía, lo que ha podido favorecer su dispersión natural.

Se trata de una planta tóxica cuyo uso está desaconsejado en medicina popular, de modo que si antiguamente su látex o resina se utilizaba como laxante y particularmente para tratar verrugas, hoy en día está totalmente desaconsejado su uso, al haberse comprobado que contiene sustancias tóxicas nocivas para el organismo humano. Algunos tratados de farmacopea hablan del consumo de 15 a 20 semillas de tártago como laxante, práctica que está totalmente desaconsejada y es peligrosa. Actualmente sí se utiliza el aceite que se obtiene de sus semillas, el conocido como aceite de ricino, el que es aprovechado en numerosísimas aplicaciones industriales y farmacológicas. También se ha planteado su uso para la obtención de biodiesel, dada la rusticidad de la planta y su fácil cultivo.