EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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EL TEJO (Taxus baccata)

 © José Ángel Rodríguez
Detalle del fruto y hojas del tejo.

Conífera arbórea perteneciente a la familia de las texaceas, que se considera muy longeva, pudiendo superar los 1.500 años de vida, y pudiendo alcanzar los 15 metros de altura, aunque con frecuencia desarrolla un aspecto arbustoide, que necesita de la ayuda de la poda para formar pies arbóreos. El tronco es grueso y con una corteza delgada de tiras pequeñas de color pardo rojizo o grisáceo, pudiendo alcanzar 1,5 metros de diámetros. Tiene hojas perennes de 10 a 30 mm. dispuestas en dos hileras opuestas, de color verde oscuro por la cara superior y amarillento o glabro por el envés. Es una especie dioica, con pies masculinos o femeninos, de los que solo aparecen los frutos en los pies femeninos cuando el árbol es maduro, de forma que tienen que transcurrir entre 20 y 50 años para que un tejo de sus frutos. Fructifica en forma de arilo carnoso que rodea la simiente, de intenso color rojo y sabor agradable, muy apreciado por las aves Maduran a final del verano y principios del otoño y cada seis o siete años el árbol tiene una producción abundante de frutos. Raramente forman bosquetes, siendo lo común encontrar a los ejemplares aislados.

En medicina popular el tejo no puede emplearse nunca, bajo ningún concepto, ya que contiene varios alcaloides. Uno de ellos, la taxina, paraliza y afecta al sistema nervioso y corazón, encontrándonos ante una planta muy tóxica que puede llevar a la muerte en pocos minutos, por lo que todas las precauciones que se adopten serán pocas. La ingestión de tejo acelera el pulso al principio, que después se va volviendo más lento e irregular. La muerte se produce por parálisis respiratoria. Caballos y asnos son sensibles a este veneno, se sabe de equinos que han caído fulminados a los pocos minutos de haber ingerido hojas de tejo. En cambio, otros animales como conejos y gatos son inmunes a la taxina. El arilo o baya del fruto carnoso es la única parte libre de taxina, pudiendo ser ingerido por el hombre con la precaución de retirar la semilla.

La madera del tejo es muy dura, de grano fino y apretado, lo que la hace muy apta para ebanistería y talla, aunque la escasez de piezas de suficiente grosor, debido a su crecimiento muy lento, limita su uso. Durante la  Edad Media fue muy utilizado  para la elaboración de arcos y lanzas, por su resistencia y flexibilidad, hecho que produjo su casi extinción en muchos lugares de Europa. Cuenta la leyenda que el arco de Robin Hood era de este material.

Las virtudes curativas del tejo -con todas las precauciones que se adopten, como hemos indicado por su peligrosa toxicidad- son conocidas desde hace milenios. El emperador Claudio publicó un edicto en el que señalaba al tejo como el mejor antídoto contra las picaduras de víbora. Sin embargo, la utilidad medicinal del tejo, con el tiempo quedó en desuso por su peligrosidad, hasta tiempos recientes que en 1971 un instituto americano descubrió en la corteza del tejo del Pacífico (Taxus brevifolia), el taxol, una sustancia que hoy en día es uno de los más potentes anticancerígenos. Sin embargo, para tratar a una sola persona se necesitan talar dos o tres tejos del Pacífico adultos. Por esta razón, los bosques de Taxus brevifolia fueron esquilmados. Afortunadamente, los científicos han podido sintetizar la sustancia en laboratorio por hemisíntesis de las hojas, con lo que ya no es necesario talas estos nobles ejemplares para producir estas sustancias médicas.

En Andalucía el tejo es una especie protegida, estando bien representado en la Sierra de Baza, aunque localmente localizado entre  la cara norte del Calar de Rapa y San Sebastián y la cara sur del Calar de Casa Heredia, donde hay contabilizados en tornos a los 50 ejemplares aislados, los que son objeto de una particular protección por los gestores de este Parque Natural.