EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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El TOMILLO (Thymus sps.)

 

© José Ángel Rodríguez

Ejemplar de tomillo en floración perteneciente a la especie
Thymus longiflorus, popularmente conocido como tomillo real, uno de los más bellos tomillos.


Planta aromática propiamente mediterránea, de climas secos, que se localiza entre los 0 y 2.000 metros de altitud, en claras muestras de las posibilidades del género de poder sobrevivir en temperaturas muy variadas, e incluso extremas. Los tomillos son muy abundantes en España, donde contamos con varias especies endémicas, también en nuestras sierras. El género de los tomillos está integrado por unas trescientas especies, de la que la más popular es el llamado Thymus vulgaris. El nombre genérico proviene del verbo griego Thym, que significa “perfumar”, en alusión al intenso y agradable aroma de la planta.

Los tomillos son plantas perennes, de tallo leñoso, de porte rastrero y escasa altura, que viven en suelos pobres y pedregosos de las regiones secas. Las hojas de los tomillos son diminutas, adaptadas a la evapotranspiración y poseen esencias aromáticas y aceites. Su floración es muy abundante y va desde el color blanco al rojo, pasando por los tonos rosáceos, violáceos y asalmonados.

Los tomillos, de forma general, han sido muy utilizados y aprovechados por el hombres desde la antigüedad, así hay constancia de que los antiguos egipcios utilizaban esta hierba en los embalsamamientos. Los griegos la utilizaban en sus baños y la quemaban como incienso en sus templos. Se cree que su extensión por toda la cuenca mediterránea, se debe a los romanos y el uso que de él hacían para purificar sus viviendas.

En la Edad Media, las mujeres frecuentemente daban a sus caballeros y a los guerreros regalos en los que incluían hojas de tomillo, ya que creían que con esto aumentaban el coraje del portador. El tomillo también se usaba como incienso en los funerales y se ponía también en el ataúd con lo que suponían asegurar un buen tránsito a la próxima vida.

En los tiempos actuales el tomillo es objeto de un amplio uso y aprovechamiento por el hombre, así es utilizado como tónico, antiséptico y expectorante, así como para tratar dolores de garganta, constipados, tos, trastornos digestivos e intestinales como diarreas o para eliminar parásitos intestinales. Siendo la forma más tradicional de su uso es la infusión de sus hojas secas. También se aprovecha la planta en usos externos, como vulnerario, desinfectante y cicatrizante, en decocción concentrada y en linimentos y baños tonificantes, así como en pomadas, lociones, etc., y es utilizado en dermatología y cosmética.

El aceite de tomillo es muy popular dentro de la medicina tradicional y se considera esencial eupéptico, estimulante, coletérico, debido a sus fenoles, antiespasmódico, expectorante, antiséptico, antiviral, antifúngico y antihelmíntico. Se usa en farmacia y en veterinaria como antiséptico, tónico, vermífugo y cicatrizante. Es tomillo es también muy popular y conocido en la cocina, siendo una planta con amplias utilidades culinarias, particularmente para aromatizar carnes asadas. Incluso la flor de tomillo se emplea de las más variadas formas en la cocina actual, formando parte de ensaladas, aromatizando vinos y licores o elaborando helados y salsas especiadas

Dada la importancia económica de esta planta, desde antiguo se ha cultivado como planta industrial. Durante siglos la mayor parte de la producción de tomillo se destinaba a la obtención del aceite esencial. Para ello se recogía la planta entre los meses de abril y junio y tras su limpieza se procedía a la destilación, realizada por el sistema tradicional, mediante unos alambiques, de los que podemos localizar muchos de ellos en el territorio del Parque Natural Sierra de Baza en claras muestras de su tradicional aprovechamiento, uno de ellos hay montado en las inmediaciones del complejo del Cortijo Narváez

Los tomillos contienen flavonoides, derivados del apigenol y del lutelol, ácidos fenólicos, caféico, rosmárinico, clorogénico, ácidos triterpénicos, ursólico y oleanoico, también saponinas y elementos minerales.

Más recientemente ha comenzado también a extenderse el uso de los tomillos en jardinería, particularmente en los llamados jardines naturales, por la rusticidad de la planta y sus pocas necesidades de agua y atenciones que requiere la misma, la que además de desprender un aroma muy agradable cuenta con una floración espectacular.