EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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LA VID (Vitis vinifera)

© José Ángel Rodríguez

Frutos maduros de la vid de la variedad Tempranillo.

 

Planta leñosa trepadora, que puede alcanzar los 30 metros de longitud en sus tallos cuando se dejan crecer libremente, extendiéndose por el suelo o trepando entre los árboles, pero que al ser habitualmente podada por prácticas de cultivo normalmente queda reducida a un pequeño arbusto con tronco grueso y tortuoso. Su corteza es de color oscuro y se desprende a tiras longitudinales con  facilidad. Sus hojas son grandes y palmeadas. Frente a las hojas arrancan los llamados zarcillos, cuya finalidad es la de mantener erguida la planta para lo que buscan un soporte al que agarrarse, en el que se enrosca y fortalece cuando lo encuentra. Las flores de la vid son pequeñas, hermafroditas o unisexuales, de color verdoso, dispuestas en gran número de inflorescencias  que tienen lugar de abril a julio.

© José Ángel Rodríguez

Vid silvestre (Vitis vinifera subsp. sylvestris) en su hábitat natural de la Sierra de Baza.

El fruto de la vid es la uva, una baya globosa, con coloración variable que va del amarillo dorado hasta el azulado y hasta el casi negro, que encierra en su interior múltiples semillas. El fruto comienza a madurar a final de julio, para completarla entre septiembre y octubre, dependiendo de las zonas, tras lo que pasa a recolectarse en la popularmente llamada vendimia

Aun cuando se han encontrado restos fósiles de polen en la Península Ibérica con más de 4.000 años de antigüedad, parece no ser planta natural de la mayor parte de la Península Ibérica, sino que ha sido introducida y difundida por el hombre desde la antigüedad a cuya planta y usos ya existen referencias bíblicas en el Antiguo testamento, un cuando se estima que fueron los romanos los que más contribuyeron a su cultivo y difusión. Según los historiadores, el pueblo romano, que dominaba el Mediterráneo, introdujo el cultivo de la vid, pasando a ser una de las plantas más culturizadas por el hombre, hasta el punto de que se estima que existen aproximadamente unas 3.000 variedades de uvas en el mundo, número que sigue creciendo en la actualidad, aunque no todas son igualmente apreciadas. Siendo las más famosas y apreciadas las llamadas razas clásicas empleadas en la elaboración  de algunos vinos famosos.

 

Según su uso final se clasifican en dos grandes: las de mesa, que se consumen frescas o como uvas pasas y, las viníferas, cuya denominación latina significa que lleva vino, se emplean para la elaboración de este líquido. Por lo que tanto para su uso en fresco como en forma de vino la ha convertido en un fruto muy apreciado y de gran valor económico.

 

Aun  cuando el mayor uso que tiene la vid es para obtener el vino por fermentación de su mosto, también tiene otras aplicaciones en etnobotánica, siendo una planta muy utilizada  y aprovechada, por las abundantes cualidades medicinales que posee, al tiempo que constituyen un excelente alimento-medicamento. Si a esto unimos que su fruta es agradable al paladar y nutritivas, rica en vitamina C, al tiempo que se le emplea en la elaboración de vinos, podemos entender algunos de los éxitos de su difusión planetaria.

 

Se estima que comer diariamente uvas en abundancia es usado en personas débiles, con raquitismo, convalecientes y niños. También se usa como astringente, diurético y laxante, así como para disminuir las inflamaciones, los desarreglos de la nutrición; trastornos del tubo digestivo, hígado y bazo; los cálculos, la dispepsia y la dureza del vientre; además, para tratar hemorroides, afecciones crónicas del hígado, cólicos biliares, cálculos hepáticos, hipertrofia del bazo, escorbuto, bronquitis, tisis, litiasis biliar, gota, reuma, artritis y afecciones de las vías respiratorias y circulatorias. En ayunas se usa como laxante suave y para limpiar y purificar el organismo. La uva también constituye uno de los principales alimentos desintoxicantes, ideal para realizar curas tomando exclusivamente este fruto durante varios días, para lo que se recomienda su consumo, lavándola y sin desechar la piel, lo que ayuda a limpiar los intestinos previniendo el estreñimiento, al tiempo que tiene propiedades laxantes.

 

Las semillas de la uva son también aprovechadas para obtener un aceite, que se usa como hipolipemiante, para combatir el exceso de lípidos y prevenir las enfermedades cardiovasculares. También se aprovechan medicinalmente sus hojas como vasoprotector, astringente y diurético, para tratar varices, hemorroides, flebitis, edemas, alteraciones de la menopausia, etc.

Debe de tenerse un especial control y moderación en el consumo de vino, por la alta cantidad de alcohol que posee, ya que en pequeñas cantidades puede favorecer la circulación y abrir el apetito, pero en altas cantidades puede crear perniciosos hábitos y terminar en dependencia con el alcohol (alcoholismo), con claros perjuicios para la salud y la propia personalidad, con incidencia en el ámbito social, familiar y trabajo.