EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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 LA ORTIGA (Urtica sps.)

Hierba de la ortiga menor (Urtica urens) en floración
© José Ángel Rodríguez



De las varias especies de ortigas que habitan en nuestra zona y en la Península Ibérica, pertenecientes a la familia de las urticáceas, las más abundantes y comunes son las llamadas Ortiga mayor, también conocida como Ortiga verde (Urtica dioica), que alcanza entre 50 y 150 centímetros y la Ortiga menor (Urtica urens). Al igual que todas las especies de su género, son hierbas perennes, urticantes, consideradas como invasoras y entran dentro del grupo de las llamadas "malas hierbas". Una y otra especie tiene tallos herbáceos, erectos, verde-rojizos, recubiertos por pelos urticantes. Ramifica abundantemente formando una mata pequeña pero densa. Las hojas aparecen en los nudos del tallo, opuestas, de dos en dos, son simples, estipuladas, ovaladas, de un verde intenso y no más de 4 cms. de largo, presentan los márgenes serrados y están recubiertas de pelos urticantes. Sus flores, que aparecen en primavera y principios de verano son  unisexuales, pequeñas, verde-blanquecinas, dispuestas en racimos espinosos formando panículas pendulares, axilares y terminales. Dando paso a los frutos, los que maduran a finales de verano. Son unos aquenios simples, indehiscentes y contienen una sola semilla. Que se dispersa por el viento.

La ortiga menor (Urtica urens) presenta menos pelos urticantes que la ortiga mayor (Urtica dioica), pero su "picadura" escuece más. Estos pelos disponen en su parte superior de una glándula que al mínimo roce libera un líquido caústico irritante cuyo líquido produce una irritación con picor intenso en la piel cuando se le toca o roza, provocado un fuerte picor en las partes afectadas.

La ortiga se considera una especie cosmopolita y pluriregional (presente en multitud de lugares y regiones). Se estima que es nativa de Eurasia, pero actualmente la encontramos naturalizada prácticamente en todo el planeta, aun cuando es más difícil de ver en zonas tropicales y solo falta en las zonas piolares, al no soportar las temperaturas muy bajas. Prefiere para crecer los suelos nitrificados, con alto contenido en materia orgánica, colonizando fácilmente terrenos ruderales, escombreras, bordes de caminos, márgenes de cultivos, estercoleros, huertos, campos recién abandonados.

Pese a su carácter urticante, la ortiga es una planta comestible, que se suele emplear en ensaladas, lavada convenientemente, rica en nutrientes, sales minerales y vitaminas, que tiene gran cantidad de propiedades medicinales, por lo que es muy popular en la medicina tradicional y farmacopea clásica ya que presenta un gran número de propiedades medicinales, mejores en la ortiga mayor u ortiga verde, la que se estima que tiene propiedades remineralizantes, reconstituyentes, depurativas, diuréticas, hemostáticas, astringentes, cicatrizantes, calmantes, antiinflamatorias, desodorantes, antianémicas, antirreumáticas y analgésicas que ayuda a bajar los niveles de colesterol en la sangre. Esta planta, además, estimula el aparato digestivo, acelerando el metabolismo y aumentado el peristaltismo intestinal. Gracias a su alto contenido en clorofila, mejora la circulación de la sangre, evitando la formación de ateromas sobre las paredes arteriales. También se estima que favorece la eliminación de líquidos acumulados, toxinas y residuos del organismo. La ingesta de 20 o 30 semillas produce un efecto purgante drástico, por lo que debe extremarse la precaución al tomarlas. Existen hoy en día preparados farmacéuticos de ortiga que son más aconsejables que los de uso tradicional.

La ortiga también es usada en la agricultura ecológica, en la que se emplea para obtener un purín que se utiliza, pulverizado sobre las plantas, para controlar algunas plagas, el llamado "purín de ortiga" que se comercializa en centros especializados en agricultura ecológica. Para prepararlo nosotros podemos usar la siguiente receta casera: Echamos la planta en un recipiente con agua, a razón de un litro de agua por cada 200 gramos de planta aproximadamente, y lo dejamos fermentar durante 2 semanas. Pasado este tiempo lo colamos y el líquido resultante lo echamos en un botella o similar y lo guardamos, Para usarlo mezclamos 1 parte del preparado obtenido por cada 9 partes de agua y lo pulverizamos sobre la planta que se desee tratar. Suele dar muy buenos resultados para combatir el pulgón.