EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 234 –  DICIEMBRE 2018
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LA ANEA O ESPADAÑA (Typha sps.)

 

Inflorescencias cilíndricas y hojas de la anea en su hábitat natural de la Sierra de Baza

© José Ángel Rodríguez

 

Con el nombre de anea o espadaña se conoce a un amplio grupo de plantas herbáceas acuáticas muy populares, pertenecientes todas ellas al género Typha, integrado por una decena de especies que crecen en las proximidades de ríos, arroyos, acequias, lagunas y terrenos inundados por el agua en altitudes que van desde el nivel del mar hasta la media montaña, formando poblaciones muy densas, en algunos casos impenetrables. Considerándose como una planta acuática emergente, de la que el rizoma queda bajo el agua y emergen los tallos y hojas.

En nuestra zona se localizan las especiesl Typha atifolia, que  se encuentra en todas las regiones templadas del Hemisferio Norte; y particularmente la Typha angustifolia, la más abundante, aunque no asciende mucho ya que soporta peor el frío y no asciende mucho en altitud y también Typha domingensis, aunque esta es más propia de la zona basal, siendo la más abundante en lugares donde se ha establecido mucho como la cola del Negratín.

Conocida y aprovechada por el hombre desde la antigüedad como fibra textil dada la resistencia y peculiaridades que presenta sus largas hojas, la anea se utilizó para la fabricación de tejidos, particularmente para elaborar cestos y asiento de sillas, uso que fue desplazado por la aparición de los materiales plásticos y otros tejidos industriales más resistentes y económicos. Aun cuando se mantiene su uso artesanal en estas fechas. También se han utilizado sus hojas para fabricar papel.

Su rizoma, comestible, ha sido también aprovechado por el hombre desde la antigüedad. Así en el paleolítico se ha constatado el uso de la llamada harina de anea, Para conseguir un alimento comestible a partir de plantas salvajes, debían llevar a cabo un proceso de varios pasos. En primer lugar, pelar las raíces, secarlas y molerlas utilizando utensilios adecuados. Finalmente, tenían que cocinar la harina. La obtención de este producto les permitía disponer de un alimento que se conservaba durante mucho tiempo, fácilmente transportable y con un alto contenido energético, haciéndoles menos dependientes de las condiciones climáticas y asegurándoles provisiones durante sus desplazamientos.

Actualmente su resistencia a medios anóxicos (pobres en oxígeno) y con altos grados de contaminación ha ampliado sus aplicaciones al campo de la depuración natural de aguas residuales y como acumulador de metales pesados, también en humedales artificiales, así como planta ornamental, por sus vistosas inflorescencias. Aunque la facilidad de su propagación hace que se las considere dentro de las llamadas malas hiervas en algunos entornos controlados.