EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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Detalle de los frutos otoñales de la madreselva arbórea

© José Ángel Rodríguez

 

Si las madreselvas son unas típicas plantas enredaderas, que se sirven de otros árboles, rocas o muros para trepar por ellos y ganar altura, en la naturaleza hay también algunas excepciones y un curioso ejemplo de ello lo tenemos en esta planta que crece de forma natural en el Parque Natural Sierra de Baza (Granada), la madreselva arbórea, como nos pone de manifiesto su nombre común y también científico (arborea, del latín, en alusión a su porte de árbol), que puede llegar a alcanzar los 5 metros de altura, aunque normalmente queda con porte arbustivo con forma de arbolito.

Exclusivo de las montañas del sur de España (Sierra de Baza, Sierra de los Filabres, Sierra Nevada, Sierra Mágina, Sierra María, etc. aunque también ha sido citada recientemente en la provincia de Teruel, en la sierra de Javalambre) y del noroeste de África (montañas de Argelia y Marruecos), por lo que está considerado como un endemismo íbero-norteafricano, se localiza siempre a una altitud media-alta entre los 1.300 y 2.100 metros (pisos supra y oromediterráneo) soportando muy bien las bajas temperaturas y heladas.

Las hojas de la madreselva arbórea son caducas y aparecen opuestas, como todas las madreselvas, y son ovadas o anchamente elípticas, de 2-4 x 1,2-2,5 cm que se distribuyen a lo largo de las ramitas. Las flores aparecen en pareja, sobre un pedúnculo muy corto o casi sentadas, en las axilas de las hojas, una de las claves que se suele utilizar para identificar a esta planta, y son de colores blancos con tonalidades rosáceas.

Flores y hojas a principio de verano

© José Ángel Rodríguez

 

Los frutos de la madreselva arbórea son muy atractivos y característicos, y nos recuerdan a los del muérdago, de color negro azulado al principio y blanquecino y aspecto traslúcido en la madurez, dejando entrever las bayas que hay en su interior. Estos frutos otoñales no son consumidos por el hombre, al ser tóxicos, como la generalidad de los frutos de las distintas especies de madreselvas, pero sí son muy buscados por las aves, particularmente por los zorzales, también por el ganado doméstico (ovejas y cabras) que ramonean sobre estos árboles en cuanto tienen ocasión.

Se trata de una especie protegida, que no puede recolectarse, siendo sus únicos usos etnobotánicos en jardinería, para uso ornamental, dada la curiosidad que encierra esta planta de constituir un raro ejemplar arbóreo de madreselva, además de presentar una bella floración y un aún más atractivo y curioso fruto otoñal, como puede apreciarse en la primera de las imágenes que ilustra esta ficha técnica.