EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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Detalle de la flor de la verónica de Sierra Nevada

© José Ángel Rodríguez

 

El nombre de esta bonita planta vascular hace alusión al lugar donde fue citada por primera vez, y de donde se estimaba era un endemismo local hasta hace unos pocos años: Sierra Nevada, donde se localiza por encima de los 1.800 metros de altitud, en borreguiles  (unos pastizales higroturbosos) y en prados encharcados, también en las proximidades de arroyos de montaña, en suelos preferentemente ácidos. Desde hace unos años esta variedad, endémica de las provincias de Granada y Almería, también está confirmada en su presencia en la Sierra de Los Filabres (Almería) y en la Sierra de Baza (Granada), de dónde procede la fotografía que ilustra esta ficha, tomada en un prado encharcado o pantanoso de la zona de turberas emplazadas en la parte oriental del parque.

La verónica nevadensis es una pequeña planta perenne, con tallos ascendentes o rastreros, que contiene pelos tectores por lo común patentes o subpatentes (raramente incurvados y adpresos), pero algunas veces –en especial antes de la fructificación– glabros o raramente solo con pelos glandulíferos, siempre cubiertos hacia el ápice por pelos glandulíferos. Sus hojas son verdes y ovaladas y las flores, que aparecen de abril a mayo, de un característico color azul púrpura, que se presentan en un racimo terminal, que dan lugar a unas semillas encerradas en cápsulas,  con dehiscencia valvicida, que contienen de 2 – 14 semillas, de pequeño tamaño (0,7-1,7 × 0,5- 1,4 mm), de color pardo claras.

Todas las plantas del género de las verónicas, también esta especie, contienen taninos, jugos amargos, un aceite esencial, ácidos orgánicos y vitamina C. y sin distinción entre las distintas especies del género aunque particularmente la llamada verónica común (Veronica officinalis), siendo por tanto extrapolable a esta especie, se utiliza en medicina popular la planta seca, sin la raíz, para estimular el apetito, en los trastornos digestivos y contra la tos y trastornos pulmonares. Para su uso se suele administrar en infusiones que se preparan a partir de una cucharadita de planta seca (sin incluir la raíz) por cada taza de agua hirviendo dos veces al día. El jugo de las hojas frescas se ha utilizado en las afecciones renales y reumáticas. La decocción se ha empleado para hacer gargarismos y como cataplasma antirreumática.

 

Hoy día la verónica es poco utilizada ya que sus propiedades terapéuticas no han sido completamente confirmadas, además de tratarse de una especie protegida, por lo que no puede recolectarse, y los usos comentados deben de considerarse como meramente referenciables.