EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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Inflorescencias estivales del Tamarix canariensis

© José Ángel Rodríguez

 

Con el nombre de taray o taraje se conoce a un amplio grupo de plantas arbóreas, aunque normalmente no pasan de tener porte arbustivo, integrado por una 60 especies pertenecientes a la familia Tamaricaceae, nativas de áreas secas de Eurasia y África, formando densas arboledas o bosquetes llamados tarayes o tarajes, que aparece siempre ligada a suelos con la capa freática muy superficial, con cierta salinidad (ilustrativamente es llamado en algunos lugares "pino salado"), ya que posee cierta tolerancia a la salinidad, tolerando hasta 15.000 p.p.m, de sal soluble, gracias a que sus hojas presentan muchas glándulas secretoras de sal. Los tarajes suelen formar bosquetes monoespecíficos, ya que limitan la competencia con otras plantas mediante la absorción de la sal de las capas, la que acumulan en su follaje y desde allí van depositando en la superficie del suelo, donde se concentra, siendo esa sal letal para muchas otras plantas. También podemos encontrarlo formando parte del sotobosque arbustivo del bosque de ribera de las zonas con bajas precipitaciones de algunos ríos y arroyos de caudal efímero u ocasional.

El taray resiste bien las heladas invernales y la ausencia de precipitaciones, pudiendo localizarlo desde el nivel del mar hasta los 900 a 1.000 metros de altitud, estando ausente en la media y alta montaña. En nuestra región es una especie frecuente en la Hoya de Baza, en toda la cuenca del Guadiana Menor, donde las especies presentes son el Tamarix canariensis, el Tamarix gallica y Tamarix africana de difícil diferenciación y de muy similares características edáficas.

El taray se caracteriza por tener ramas finas y follaje gris verdoso. La corteza de las ramas jóvenes es lisa y rojiza parda. Con la edad, se hacen pardo púrpura, y rugosas. Las hojas son muy pequeñas, de 1 a 2 mm de longitud, solapadas unas con otras, frecuentemente están incrustadas con secreciones de sal. Las flores, de colores rosa a blanco, aparecen en densas masas de 5 a 10 cm de longitud en las puntas de las ramas, entre la primavera y el verano.
El taray es un arbusto que sirve de fijador de suelos en zonas de fuertes corrientes esporádicas, además es de los pocos árboles y arbustos capaz de vivir en suelos salinos y áridos, constituyendo auténticas masas arbóreas de gran densidad, que suele dar cobijo a numerosas especies de pájaros de mediano y pequeño tamaño y otras especies animales constituyendo auténticos refugios de la vida silvestre. Por todo ello son formaciones vegetales dignas de protección y conservación, estando protegido en muchas comunidades por su legislación forestal y medioambiental.

Desde el punto de vista de la etnobotánica se le conocen numerosos usos medicinales a partir de la planta de taray, siendo los más populares como astringente, cicatrizante y remedio antidiarreico. Una forma tradicional de preparar el taray para su consumo humano es en infusión de sus ramas, lo que se ha usado para reponer las sales perdidas en las diarreas, para lo que se recolecta una pequeña cantidad de esta planta, la que una vez bien lavada para eliminarle la sal e impurezas superficiales se hierve en agua durante unos 20 minutos a razón de 30 – 50 gramos por litro de agua, que se puede consumir en varias dosis a lo largo del día.