EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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Zamarraga en floración en su hábitat natural junto al talud de la cuneta de la A-92N a su paso por Baza (Granada)

© José Ángel Rodríguez



También conocida como erigeron del Canadá, es una planta herbácea, perteneciente a la familia de las asteráceas. Está considerada una planta anual, aun cuando en climas templados se comporta ocasionalmente como bianual que persiste después de que termina la temporada de la floración. Germina en el otoño y se mantiene en su forma de roseta hasta la siguiente primavera en que florece. Dotada de un largo tallo que puede superar el metro y medio de altura, es nativa de Norteamérica (a lo que alude el epíteto de su nombre científico de la especie, canadensis, que significa del Canadá). Su tallo es de color verde, acanalado y erecto, muy frágil y ramificado, cuenta con hojas lanceoladas y las inflorescencias de color amarillo, agrupadas en racimos de capítulos florales numerosos y hemisféricos, formando una panícula compacta y alargada. El fruto que se forma tras su floración, es muy poco vistoso, unos vilanos consistentes en unas reducidas semillas adornadas de finísimas fibras blancas, muy eficaces para la dispersión con la ayuda del viento. Se estima que una sola planta puede producir en torno a las 100.000 semillas, todas ellas de dispersión anemócora (por el viento).

Pese al origen foráneo de esta especie, está ampliamente naturaliza y se considera una planta invasora cosmopolita en sentido estricto, ya que prefiere para su colonización ambientes previamente alterados, como cunetas de carreteras, canteras abandonadas o campos de cultivo abandonados, en suma, terrenos que presenten un cierto grado de degradación. Extendida por la mayor parte de la geografía española, también por Europa, faltando solo en las regiones más frías del Norte de Europa y en alturas superiores a los 1.500-1.600 metros, se trata de una planta que ha demostrado una gran capacidad para la dispersión, hasta el punto de que se le suele considerar una mala hierba, capaz de resistir a los herbicidas que se aplican para su control. 

En la ficha técnica que sobre esta especie tiene publicado el Ministerio de Medio Ambiente Rural y Marino, Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y el Mar, dentro del plan de control y eliminación de especies invasoras en sistemas dunares (FICHA Nº 8), se indica con respecto a su control, químico que es resistente al glifosato, pero sensible a aminotriazol, asulam, 2,4-D, etc., y aunque estos productos se han utilizado con frecuencia cuando la invasión se produce en cultivos, no parece recomendable su lucha química en sistemas dunares, ya que puede afectar a la vegetación natural de la duna, lo que es aplicable a otros ecosistemas de alto interés botánico, por lo que su eliminación manual, antes de que produzca la semilla, es el único sistema válido para su control.





Detalle de la floración de la zamarraga

© José Ángel Rodríguez



Al florecer la zamarraga a final del verano, principios de otoño, prolongándose la misma hasta entrado el invierno, cuando las flores son escasas en nuestros campos y montes, encuentran en esta flor un apreciado alimento muchos insectos, por lo que es una planta muy visitada por los mismos en su época de floración.

 

Una planta con usos etnobotánicos desde la antigüedad


En cuanto a sus usos y aplicaciones etnobotánicas, son conocidas desde la antigüedad, de hecho el nombre genérico de la especie (Conyza) deriva del griego konops, que significa  pulga, o konis = polvo, refiriéndose al polvo de la planta seca que se utilizaba para repeler insectos no deseados como las pulgas, de hecho sus hojas están cubiertas por un exudado aceitoso, semejante a la trementina que repele a los pulgones, por lo que se puede usar como herbicida natural. En medicina popular, es prácticamente utilizada toda la parte aérea de la planta, salvo las zonas del tallo muy lignificadas. Por su alto contenido en taninos, es astringente y antidiarreico, habiendo sido también utilizada como diurético, al estimular la secreción de ácido úrico, contra la gota y el reuma. Para ello se suele tomar en infusión preparando el llamado té de erigeo o té de zamarraga, para lo que se prepara vertiendo en un vaso de agua hirviendo una cucharadita llena de la hierba  y se deja reposar 10 minutos, tras lo que se cuela a continuación. Generalmente se toman una taza, 2 ó 3 veces al día, sin endulzar.

La rapidez de esta planta para colonizar áreas alteradas, está siendo también aprovechada por el hombre para el control natural de taludes de carreteras y caminos, también de canteras, habiendo demostrado una buena capacidad para la retención del suelo.