EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 229 –  JULIO 2018
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© José Ángel Rodríguez
Frutos maduros de la calabaza en una huerta de la Sierra de Baza.

 

Originaria de América, la calabaza no fue conocida en el resto del mundo hasta la llegada de los españoles en 1492, extendiéndose rápidamente su cultivo por el viejo continente para aprovechar sus cualidades alimenticias. Las calabazas eran, junto con el maíz y los frijoles, la base alimenticia de los nativos e indígenas americanos, los llamados amerindios.

El género, dentro del que se incluyen también los llamados calabacines, está integrado por un centenar de especies, muchas de ellas obtenidas por cruce entre especies y razas, también por domesticación, por lo que se presta a hibridación y a mucha confusión, si bien se estima que son tan solo cinco las especies nativas domesticadas y cultivadas, principalmente para consumir el fruto, también sus semillas, de las que proceden todas las especies y variedades actuales de calabazas comestibles que existen en el Mundo, que van desde ejemplares frutos de pequeño tamaño hasta ejemplares gigantes como la Cucurbita maxima, que es la de mayor tamaño del género y que puede alcanzar los 70 Kg. de peso e incluso superarlos.

El fruto de la calabaza es conocido como pepónides, el mismo que la sandia y el melón, y se trata de un tipo de baya que se caracteriza por tener una cutícula (corteza) dura e impermeable, lo que permite la conservación del interior tierno y carnoso por uno a más años y también su aprovechamiento una vez  vaciada, con fines no alimenticios, como utensilios de cocina, en instrumentos musicales, de artesanías, etc.

Las formas cultivadas y comestibles de calabazas generalmente difieren de las formas silvestres en que tienen menos semillas y sus frutos son más grandes, también en que la pulpa no amarga y es menos fibrosa, contiene menos guías secundarias y sus cáscaras son menos durables y cuenta con colores más variados.

La calabaza es muy apreciada en la alimentación humana desde la antigüedad, ya hemos comentado que era uno de los tres alimentos básicos de los amerindios, no solo por su buen sabor y fácil cultivo, sino especialmente por su prolongada conservación y capacidad natural de mantenerse inalterable su pulpa durante muchos meses e incluso años, pero también por ser un alimento rico en carotenos y antioxidantes, siendo muy rica en vitamina C. Últimamente también ha comenzado a incluirse en dietas de adelgazamiento, dado que contiene una gran cantidad de agua, con lo que puede saciar muy bien el apetito y su aporte calórico es muy bajo (en torno a 13 calorías por cada 100 gramos). La calabaza también contiene abundante fibra, por lo que ayuda a prevenir el estreñimiento. Si a esto unimos que tiene un bajo precio, se entenderá nuestra recomendación en su consumo, con la que se pueden preparar una gran variedad de agradables y saludables alimentos, que van desde el popular potaje de calabaza hasta los artesanales dulces de Navidad (pasteles de calabaza).