EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 213 –  MARZO 2017
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Dos conceptos diferentes que se confunden con frecuencia
Por José Ángel Rodríguez

 

© José Ángel Rodríguez
Setas otoñales en el tocón de un chopo, correspondientes a la especie Armillaria mellea y que son denominadas popularmente como setas de la mimbre. Imagen tomada en Las Juntas de Gor el 25/10/2015 en el desarrollo del XIX Safari Fotográfico Parque Natural Sierra de Baza.

 

Estamos en otoño la época propicia para la aparición de las setas en nuestros campos y montes, que con la llegada de las últimas lluvias han aparecido de un modo exuberante, como si fueran adornos de la naturaleza. En estos breves apuntes vamos a intentar acercarnos al mundo de las setas y sobretodo intentar dejar clarificadas algunas nociones básicas sobre las mismas.

Con cierta frecuenta se utilizan las palabras "hongos" y "setas" para referirse a una misma cosa; sin embargo hoy en día está admitido que son conceptos diferentes, ya que las setas son los aparatos reproductores, la parte visible, lo que llamamos "setas", de los hongos subterráneos. Los hongos están constituidos por un delicado entramado (micelio) incoloro o blanquecino que por lo general sale a la superficie de un modo imperceptible a simple vista. Este micelio con el tiempo puede abarcar grandes extensiones y perdurar, esperando las condiciones óptimas para desarrollar las setas, que son los aparatos reproductores de esos hongos y que aparecen de forma aérea con caprichosas formas y colores en muchos casos.

Muy ilustrativamente se han comparado a las setas con los frutos de un árbol, en la símil y dejando claro que el reino vegetal y el de los hongos son completamente diferentes, el árbol sería el hongo y el fruto la seta. De modo que cuando recolectamos setas, estamos recogiendo "el fruto del hongo". Normalmente lo que vemos en el campo, son las setas (fruto del hongo) ya que el hongo en si está bajo tierra (micelio).


Los hongos necesitan para vivir la materia vegetal


Los hongos carecen de clorofila, por lo que no pueden formar sustancias orgánicas como otras plantas con ayuda de la luz solar, de modo que para vivir dependen de los nutrientes que obtengan de otro vegetal o de la descomposición de la materia vegetal muerta, la que de éste modo retorna al ciclo natural de la naturaleza. Son por tanto los responsables de la desintegración de la materia orgánica, y en simbiosis con determinados árboles producen un mayor crecimiento de estos (micorrizas). También son causantes de determinadas enfermedades en las plantas, con deterioro de cosechas, en animales o en humanos, causando enfermedades y procesos infecciosos. Por consiguiente, los hongos están íntimamente relacionados con el ser humano, resultando benefactores, pero también pueden ser perjudiciales en determinadas circunstancias e incluso perjudiciales para la vida, los llamados hongos nocivos.


Tipos de hongos


Dejando claro, como hemos comentado, que los hongos se nutren de materia vegetal, viva o muerta, según sea el substrato en el que se encuentren y las relaciones que mantienen con el hospedador, se dividen en: Micorrícicos, Parásitos y Saprófitos.

Hongos Micorrícicos: Define una relación simbiótica entre las hifas de ciertos hongos y las raíces de las plantas vasculares, de modo que el beneficio es mutuo: el hongo se alimenta de las raíces de la planta, pero al mismo tiempo le aporta nutrientes que la planta no puede obtener por sí sola como el nitrógeno.

Hongos Saprófitos: Viven sobre materia orgánica en descomposición, es decir sobre materia muerta, (restos orgánicos de la de plantas y animales que contiene el suelo, partes muertas de la madera de un árbol o excrementos de animales). Son por tanto hongo inocuos para la materia en que se establecen, ya que no tiene vida propia

Hongos Parásitos: Se alojan sobre algún ser vivo que los hospede, viviendo a expensas de éste sin ofrecerle ningún beneficio a cambio, pudiendo llegar a matarlo.