EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 213 –  MARZO 2017
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© José Ángel Rodríguez

Ejemplares adultos de mirlo capiblanco, unas de las clásicas y más singulares aves invernantes que visitan todos los año nuestra sierra en invierno.

 

Ahora, al final del otoño, también durante el invierno, nos visitan algunas aves que parecen llegar con el frío. La fantástica capacidad de movimiento de que hacen gala las aves las faculta, entre otras cosas, para llevar a cabo migraciones de mayor o menor rango y aprovechar así a lo largo del ciclo anual los recursos estacionales de diversos ecosistemas y regiones, a menudo muy separados entre sí. Por otra parte, las aves en cada invierno pueden llevar a cabo ajustes, a menudo rápidos y poco predecibles, con respecto a variaciones ambientales como la temperatura, la disponibilidad de alimento o los niveles hídricos, de forma que en un determinado territorio se producen, de unas a otras temporadas, o incluso dentro de una misma temporada invernal, notables diferencias en las poblaciones aviares.


Aves de toda Europa, aunque fundamentalmente del noroeste y centro de Europa, son las que nos visitan en invierno


Según los datos publicados en el “ATLAS DE LAS AVES EN INVIERNO EN ESPAÑA 2007-2010”, publicado por la SEO/BirLife y el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (2012), las aves que invernan en España pertenecen fundamentalmente a la población del noroeste y centro de Europa. Así, según la base de datos de anillamiento de la Oficina de Especies Migratorias, existen actualmente 497 recuperaciones en España en periodo invernal de aves marcadas en otros países, principalmente en Dinamarca (47%), Suecia (17%), Alemania (11%) y Noruega (11%). Aun cuando también se han contabilizado aves invernantes de prácticamente toda Europa, incluidos países tan alejados como Rusia, que invernan en España, por donde también atraviesan las poblaciones migratorias hacia cuarteles de invernada más alejados en el África subsahariana. Datos que aunque vienen referidos al conjunto global de la Península Ibérica. Nos puede dar una idea muy aproximada de la procedencia de las aves que llegan hasta la Sierra de Baza en la época más fría del año.


Más de 400 especies de aves visitan la Península Ibérica en invierno


© José Miguel Pantaleón

Esmerejón (Falco columbarius), un ave rapaz que nos visita procedente de las lejanas estepas rusas.


En los censos que se han efectuado sobre la presencia de aves invernantes en España, se han contabilizado 407 especies, de ellas 314 especies, que son las que forman el grueso de la población de aves invernantes en España, son las habituales, unas muy comunes (un total de 238 especies), 76 son algo más escasas o raras y 58 son especies exóticas, introducidas por el hombre. En el conjunto de este grupo, 238 especies son aves que se pueden considerar habituales en la Península Ibérica, por lo que a las poblaciones residentes se unen en inviernos las procedentes de otros territorios.

Los humedales, son los lugares que más concentración de aves invernantes registran en estas fechas, teniendo dentro de estos enclaves un papel fundamental la costa mediterránea como área de invernada de las aves en el sistema migratorio europeo y el entorno de Doñana, ya en la costa Atlántica, una y otra zona en Andalucía, considerada la comunidad autónoma más importante a nivel peninsular en la invernada de aves.


Aves invernantes de la Sierra de Baza


© José Ángel Rodríguez

Mosquitero común (Phylloscopus collybita) una de las aves cuyo número poblacional se ve más incrementado en inverno con la llegada de ejemplares foráneos que se unen a los residentes locales.


El invierno es muy frío y riguroso en la Sierra de Baza, por lo que muchas aves marchan de este territorio en estas fechas, sin embargo algunas otras son las que se atreven a llegar hasta aquí para quedarse en invierno, desafiando todo los rigores invernales. Son 16 las especies que se consideran propiamente invernantes en la Sierra de Baza, de ellas 8 son exclusivas del invierno y otras 8 son aves cuyas poblaciones aumentan en invierno, al unirse a los residentes locales o a especies que comienzan a llegan a final del verano, como la curruca cabecinegra y capirotada, los ejemplares que nos visitan durante esta época del año procedentes de otros lugares aún  más fríos.

El censo de aves invernantes de la Sierra de Baza es el siguiente:

Aves exclusivas del invierno: Avefría europea (Vanellus vanellus); Bisbita ribereño alpino (Anthus spinoletta); Esmerejón (Falco columbarius); Lugano (Carduelis spinus); Mirlo capiblanco (Turdus torquatus) ; y, Pinzón real (Fringilla montifringilla).

Aves cuyos efectivos poblaciones se ven aumentados en invierno: Acentor común (Prunella modularis); Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala); Curruca capirotada (Sylvia atricapilla); Estornino pinto (Sturnus vulgaris); Lavandera blanca (Motacilla alba); Lavandera cascadeña  (Motacilla cinerea); Mosquitero común (Phylloscopus collybita); y, Petirrojo europeo (Erithacus rubecula).

Posiblemente el más bonito de estos visitantes invernales es el mirlo capiblanco. De tamaño y aspecto muy similar a nuestro popular mirlo, que tanto abunda en los parques y jardines urbanos, pero sin el anillo ocular amarillo alrededor del ojo, tampoco tiene el pico amarillo como el mirlo común, aunque lo más bonito y característico que tiene este pájaro, de donde toma el nombre popular (capiblanco) es una media luna blanca muy marcada en el pecho. Los mirlos capiblanco que visitan la Sierra de Baza pertenecen a la subespecie alpestris y se diferencian de la nominal por el dibujo, en forma de tejado, como las tejas que cubren las cubiertas de las casas, que tiene su plumaje, al aparecer remarcado de blanco en los filos de las plumas.