EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 222 –  DICIEMBRE  2017
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© José Ángel Rodríguez

Flor de la viuda en su hábitats más característico.

 

Con el curioso nombre de “Flor de la Viuda”, se conoce a  una bonita planta vivaz (planta que vive durante más de dos años), aunque en climas muy rigurosos puede comportarse como anual, perteneciente a la familia de las Campanuláceas, con unas atractivas y bonitas flores azuladas, precisamente el epíteto “caeruleum” de su nombre científico, procede del latín y significa azulado, en alusión al color azulado-violáceo de sus flores, tan característico de esta especie. 

La Flor de la Viuda es una es una planta herbácea, leñosa y erecta, de entre 0,25 y 1 m. de altura, sus tallos son de color rojizo a negruzco, más negros en la base. Las flores, que aparecen en la época estival, son de pequeño tamaño y de color azul con tintes violáceos, apareciendo con distribución terminal y dispuesta en umbelas, de unos 10 cm. de ancho, resultan muy atractivas y vistosas. Las hojas son ovaladas y con el margen aserrado, pecioladas y con nerviación en rojizo. 

Es una planta que se extiende por el Mediterráneo Occidental, desde el nivel del mar hasta  los 1.500 metros de altitud, y habita en rocas y muros húmedos, también en los bordes de acequias y en general en medios húmedos dulces. 

Sus usos etnobotánicos

Aun cuando se ha utilizado las hojas de la Flor de la Viuda como antiinflamatorias, para lo que se machacaban las hojas que eran colocadas sobre la zona afectada a modo de cataplasma, su principal uso etnobotánico es el ornamental, tanto en jardinería, por su fácil propagación y belleza, como en composiciones florales, tantos para flor fresca como en flor seca, la que se mantiene y conserva muy bien.