EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 243 –  SEPTIEMBRE 2019
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Por José Ángel Rodríguez

 

© José Ángel Rodríguez

Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) fotografiadas en la Hoya de Baza con el plumaje estival,  aseándose el plumaje.

 

La Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) es una de las especies más sociables de nuestra avifauna, siendo fácil detectar su presencia, en los territorios en que habita posadas o caminando en las inmediaciones de campos de cultivo que han sido recientemente labrados, siguiendo a los tractores que cultivan la tierra, en busca de los insectos que levantan con la maquinaria agrícola, o próximas al ganado, tanto ovino como vacuno, aun cuando toman el nombre popular de éste último rumiante (bueyera de bueyes) que pastan en nuestros campos y moverse muy cerca de los bueyes. Pudiendo llegar a posarse, incluso, en los lomos de vacas, toros, ovejas o caballos, tratando de capturar los numerosos parásitos que los atacan, pudiendo llegar a constituir una curiosa simbiosis con estos animales: ¡¡me como tus parásitos y te libero de ellos y a cambio tú me dejas que me pose en ti y no me molestas!! Parece ser el pacto tácito entre estos mamíferos con esta simpática ave.

A esta especie se le considera como la garza típicamente española, al ser este territorio donde alcanza su mayor expansión, formando parte del paisaje andaluz y extremeño, principalmente, donde se producen grandes concentraciones de ejemplares de esta especie, que alcanza en algunos casos varios miles de individuos.

El aspecto de la Garcilla bueyera, puede confundirse a lo lejos con una gaviota, especialmente cuando vuela, pero basta aproximarnos a este ave para ver sus notorias diferencias y peculiaridades que la hacen completamente diferenciables. La Garcilla bueyera tiene la peculiaridad de que cambia el color de su plumaje a lo largo del año. En primavera tiene un plumaje blanco puro salvo en la parte superior de la cabeza, nuca, garganta y espalda, donde nacen unas plumas rojizo ocráceas no fáciles de distinguir de lejos, así como unos plumeros muy característicos que arrancan de la nuca y que solamente están desarrollados en la época nupcial. Los ojos y el pico son amarillos y las patas y pies muy variables en la coloración, desde amarillo rojizo hasta pardo-verdoso. El pico mantiene su tonalidad amarilla en todas las estaciones y mide entre 52 y 60 mm. Durante el otoño e invierno su plumaje es uniformemente blanco, aun cuando de cerca o en imágenes con detalle, se aprecian las ligeras tonalidades que cubren su frente y píleo (parte superior de la cabeza). En el invierno también desaparece la base rojiza del pico y éste es amarillento uniforme. Los jóvenes del año también presentan diferencias en el plumaje, por lo que pueden identificarse en el campo, careciendo de los penachos ocráceos del píleo y el plumaje es blanco, con las patas pardo-verdosas, que a distancia parecen negras.

 

Una especie en expansión territorial

 

© José Ángel Rodríguez

Garcilla bueyera, con el plumaje invernal en la Hoya de Baza

 

En los últimos años la expansión de la Garcilla bueyera en la Península Ibérica ha sido espectacular, habiendo sido objeto de numerosas investigaciones, trabajos y seguimientos. De modo que si hasta la década de los años cincuenta del pasado siglo, prácticamente estaba limitada en grandes colonias al ámbito del Coto de Doñana, gracias sin duda a la protección que allí se le dispensó, a final del pasado siglo se fue extendiendo por otras zonas de la mitad Sur de la Península Ibérica, alcanzando por el oriente la Albufera de Valencia, y por la zona occidental de la Península llegó hasta la zona de las lagunas del Aveiro portugués, extendiéndose también por Extremadura, Toledo, Delta del Ebro y otras zonas de la Iberia central.

 

Importantísimo dormidero en los Ogijares (Granada)

 

© José Ángel Rodríguez

Garcillas bueyeras entrando a descansar en el dormidero de Ogíjares (Granada).

 

En la vega de Granada no estaba confirmada la presencia estable de la especie hasta final del pasado siglo, en que comenzó a asentarse en este territorio, donde ha tenido una de las expansiones más notables de la fauna de aves, hasta el punto de tenerse constancia en los momentos actuales de dormideros que acogen a varios miles de estas aves, en lugares donde no se tenía la previa constancia de la especie, sino hasta hace pocos años, como el que se está siguiendo desde hace algún tiempo en la zona de Ogíjares (Granada), con trabajos de campo y recuentos temporales muy rigurosos, en los que se han llegado a contabilizar más de 3.500 ejemplares. En el último censo publicado y correspondiente al  14 de enero de 2019 se contabilizaron 560 garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) en el dormidero de Ogíjares (Observadores: Juan Pérez Contreras, Beatriz Pérez Machado y José Mª González Cachinero).

 

La especie también se ha establecido en la Hoya de Baza

 

© José Ángel Rodríguez

Garcilla bueyera en vuelo de planeo. Puede confundirse con una gaviota, aunque presenta ostensibles diferencias.

 

En la Hoya de Baza, no se tenía conocimiento de la presencia de esta especie hasta principios del actual siglo XXI, haciendo unos 15 a 20 años que la especie comenzó a colonizar de modo definitivo este territorio donde es fácil detectar su presencia posada en campos de cultivos o en las inmediaciones de maquinaria agrícola o rebaños, a la caza de insectos y lombrices, su principal alimento. Una buena zona para su avistamiento es las inmediaciones del río de Baza y las zonas de los Prados y del Azud, donde se mueven de forma itinerante varios centenares de ejemplares de esta especie.