EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 242 –  AGOSTO 2019
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Los árboles de los bosques están conectados a través de una red subterránea de raíces y hongos, por donde se envían recursos vitales, al tiempo que comparten información y ayuda

 

© José Ángel Rodríguez

Los árboles forman comunidades vivas, que se intercomunican entre sí a través del suelo.

 

Suzanne Simard, una profesora ecóloga de la Universidad, canadiense de British Columbia (UCB), reconocida como una de las mejores de su país dentro de su categoría, ha sentado una base que están siendo muy comentada y discutida dentro de la comunidad científica internacional, según la cual, todos los árboles están interconectados a través de una red subterránea de fungi (mohos, hongos, levaduras) y de sus propias raíces con otros árboles del entorno, de modo que los árboles se comunican entre sí de un modo similar a como lo hacen nuestras propias neuronas. Además –destaca la investigadora- son capaces de traspasarse nutrientes en función de qué árbol de la comunidad lo necesite, creando de esta manera una fórmula cooperativa de supervivencia, en la que todos los árboles de un bosque, sean de la misma o de distinta especie, están conectados entre sí a través de una red subterránea de micorrizas —hongos que se conectan entre ellos y con las raíces de los árboles—, por la que se traspasan recursos vitales, como carbono, agua, nitrógeno y fósforo, pero también comparten información más compleja y establecen distintos tipos de relaciones, configurando un verdadero sistema. 

Para comprobar esta hipótesis, la experta realizó una serie de experimentos, utilizando secuencias de ADN de esas especies, y logró establecer que existen conexiones entre los distintos árboles. Con esos datos, realizó un modelo para poder visualizar la red. 

"Encontramos que todos los árboles estaban vinculados uno con otro bajo el suelo en este bosque, no había ningún árbol que no fuese parte de esta red", detalla Simard, en la conferencia en la UC. 


Los árboles madre

 

© José Ángel Rodríguez

Ejemplares centenarios, los conocidos como “árboles madre” desempeñan un papel fundamental en estas conexiones y en la distribución de información entre los árboles.

 

En el centro de toda esta impresionante red, se encuentran los llamados “árboles madre”. Estos son los ejemplares más viejos del bosque, los cuales cuentan en algunos casos con varios siglos de vida y han sido calificados como los auténticos celebros del bosque, que transmite neuronalmente a través de la red fungi y de las raíces la información que solo ellos conocen debido a su longevidad. De este modo les ofrece información a la comunidad vegetal para sobrevivir en caso de tormentas, inundaciones, fuegos, sequías, etc, pero esta estructura cooperacional no transmite la información en un único sentido del árbol madre al resto, sino que es bidireccional y todos aprenden de todos, creando una fuerte comunidad, interrelacionada entre sí, a modo de una gran red virtual.

Algunos experimentos de campo, han confirmado esta teoría, así se ha podido comprobar, como en algunos casos en que se manipularon las redes de hongos, se pudo constatar que las plántulas germinaron cuatro veces más cuando se habían conectado con los árboles madre que cuando estaban aisladas: "Pudimos concluir que los árboles más viejos estaban, de alguna forma, subsidiando a estas plántulas, transfiriéndoles una gran cantidad de recursos (...) Y eso se vio asociado con un aumento de su sobrevivencia y crecimiento", explica la investigadora.

También encontraron que los árboles juegan distintos roles dentro de esta red. Así, los más grandes y viejos –"árboles madre"– son los que están más conectados con el resto y, cuando germinan los árboles más jóvenes (plántulas), les transfieren elementos vitales. 

"Si perdemos estos árboles más viejos –por una sequía, lo ataca un escarabajo o los cortamos para hacer casas–, toda la red puede colapsar, porque son los nodos centrales (del sistema)", señala la investigadora.

Por eso, enfatiza en la importancia de protegerlos. Un aspecto llamativo que detectaron es que cuando un árbol madre va a morir acelera la transferencia de carbono a sus árboles más pequeños y a otros árboles vecinos, dirigiendo esa energía a ciertos individuos dentro de su comunidad, a modo de elegidos para sucederle. 

 

Los árboles unos seres vivos más inteligentes de lo que se pensaba hasta ahora

 

© José Ángel Rodríguez

Los árboles han desarrollado estos sistemas de cooperación para sobrevivir.

 

Estos descubrimientos nos abren nuevos retos y campos en el mundo de estos importantes seres vivos como son los árboles, ya que se evidencia que no solo pueden sentir, sino también comunicarse con otros congéneres, aunque sean de diferentes especies, algo que hasta ahora se pensaba era exclusivo del reino animal. El siguiente reto será descubrir el lenguaje de los árboles y poder comunicarnos con ellos. Algo que los antiguos druidas ya hacían, en sus ceremonias sagradas entorno a los árboles. Seguro que tienen muchas cosas que contarnos