EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 245 –  NOVIEMBRE 2019
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Ruta 1. Baza. Cortijo Santaolalla. Narváez. Fuente de la Taza

 

Por Rafael Ramos

 

© Rafael Ramos

 

Fue un día de mayo de 2019, después de ir al mercado a comprar unas plantas de espinacas y unos tomates “de la tierra “, cuando al ver las nubes cresteando en nuestra Sierra de Baza y sentir el calor que hacía ya tan temprano, me vino al recuerdo Narváez y su entorno, incluido el chorro de la Fuente de la Taza que se encuentra a un centenar de metros del área recreativa.

Es una subida de algo más de 16 Kms desde la población de Baza, desde sus 860 metros de altitud   hasta los 1.350 de Narváez, en un desnivel importante, donde el pedaleo es premiado con la contemplación de bellos paisajes por una pista forestal de tierra, ancha, con buen firme, entre ramblas, barrancos y una buena y variada muestra de ese medio físico y biológico.

Visualizaba la fuente, y puedo decir que pocas veces tan noble y saludable esfuerzo tiene mayor recompensa que el beber un trago de agua fría y pura que bajaba de las cumbres atravesando veneros entre barranco y bajo rocas milenarias.

Ilusionado e impaciente llegué al cortijo de Fuentezuelas, donde subí a la bici de montaña después de llenar el bidón con agua y comprobar la presión de las ruedas

El sol dibujaba sombras alargadas sobre el camino como con prisas por comenzar la ruta, y con buena cadencia y ganas comencé la ruta.

Atravesé por la Avenida José de Mora hasta la rotonda de la Biblioteca y desde allí nueva subida en dirección a la Fuente de San Juan, lugar emblemático para los Bastetanos, que forma parte de nuestro patrimonio.

Esta mágica fuente llevaba más de veinte años sin visitar, y la altura de las “piedras roas” la imagine llena de vida y sonido, y cuál fue mi sorpresa cuando al asomarse a ella solo alcance a escuchar el viento que pasaba veloz, el ruido de una moto apresurada y algún silbido leve de las aves que la cruzaban como un vulgar espacio más, donde antes era refugio y lugar donde calmar su sed.

Los dibujos mágicos y ondas que elevaban el agua al nacer entre borbotones estaban solo en mi recuerdo, como alientos deseosos de un tiempo pasado entre tragos de agua, chapoteos y búsqueda de renacuajos y alguna rana, entre los olores de las higueras que vestían y perfumaban la bóveda del nacimiento, hoy deshumedecido y privado de su identidad como fuente.

 

Nacimiento de la Fuente de San Juan en su situación actual.

 

No era solo tocar el frescor y energía de esa fuente, saltar entre piedras y una buena charla en ellas parando el tiempo; también seguir la acequia cantarina que rebosaba la balsa y llenaba de reflejos. También era visitar las cuevas donde los mayores contaban historias de murciélagos que vivían como manadas en los salientes de los techos en la oscuridad.

Murciélagos que robaban y fumaban los cigarros de los valientes barbilampiños que osaban entrar en sus moradas. Cigarros que apuraban como carreteros entre caladas sin toses.

Cosas del progreso pensé, al ver su desnudez y palidez, y sus señas de identidad irreconocibles.

Seguí la ruta casi no iniciada, donde pasaría por las Siete Fuentes, lugar simbólico y venerado por los bastetanos; lugar de encuentro de paseantes, de hijos del pueblo ausentes que lo llevan en su memoria; lugar de culto donde las garrafas y las botellas que llenan de sus humedades colman de sed y alimentan en los sorbos con solo su nombre: agua de las siete fuentes.

Manan hasta 250 litros por segundo, y desde 1920 sus siete fuentes dan servicio a la Red Municipal Potable de Baza, creadas en esa fecha, siendo muy interesantes las construcciones de casas cuevas existentes en sus cercanías, así como la cultura y artesanía del esparto, milenaria en este territorio. 

                            

Fuente en el paraje de las Siete Fuentes

 

Aunque aún faltan unos dos kilómetros para llegar al límite del Parque Natural Sierra de Baza, ya se huele a Sierra, a montes y a prados, donde el alma se alimenta de su respiración y sus paisajes.        

Con estas sensaciones y pensando que no han pasado 10 minutos desde mi salida doy gracias por mi fortuna al tener tan cercano este lugar, y disfruto de este privilegio con el pedaleo continuo en busca de los momentos por vivir esta mañana de primavera.

 

A la izquierda la pista forestal que asciende en dirección  al Cortijo de Santaolalla (Cruz de La Chaparra).

                

Hay otra alternativa para llegar a este cruce, que es atravesando la población de Baza hasta llegar al final de la Carretera de Caniles, subiendo el falso llano de la Orujera, llegar al cruce donde atraviesa la Vía Verde.                                                           

Girando a la derecha se coge la Rambla del Chopo, y en el siguiente cruce metros después, tomar a la izquierda y a partir de ese momento toda la subida era por la rambla enlazando por la izquierda en fuerte pendiente con la pista forestal ancha y con buen piso que no dejamos, encontrando a nuestro paso varias bifurcaciones a ambos lados y cortijos.    

 

Panorámica desde el primer tramo de la pista forestal por la que hemos iniciado nuestra ruta.

                     

Desde aquí igual que los árboles altos nos hacen más grandes al pasearlos, despertando agradables sensaciones, hoy y en este lugar al volver la vista hacia atrás y a los lados nos muestran las plantaciones de almendros, con algunas higueras sueltas en torno a viejos y derruidos cortijos entre plantas silvestres y alguna flor de primavera.

Esa mirada nos da sensación de pertenencia de alguna forma a este entorno y nos trae en mayor o menor medida recuerdos que nunca se olvidan a pesar del paso del tiempo, que estaban como dormidos.

A mayor altura, mayor perspectiva del lugar y conocimiento del territorio al que pertenece.

Este es un lugar de tránsito cuando era habitado por los serranos, que utilizaban sus caminos y senderos para bajar al pueblo a comerciar y comprar, así como para realizar trámites de “papeleos “y otras gestiones.

Ya van casi 30 minutos de ritmo tranquilo, relajado y disfrutando del paseo, y aquí se marca el comienzo del Parque y continuación de nuestra aventura, la cual seguimos por la pista principal que coincide con el GR-7, que desde Europa conecta a través de Andorra hasta Gibraltar, con su identidad en color blanco y rojo pintado sobre piedras y postes.

Esta es una de las rutas más practicadas por los amantes de la bicicleta de montaña por su belleza, su cercanía, el tiempo empleado, la dificultad media y también por la adrenalina que te acompaña en su rápida bajada después de culminar la subida.

Se ha convertido en una ruta clásica, y en los últimos años la practican grupos de ciclistas por los senderos que van más o menos paralelos a la pista principal; senderos estrechos, con algún obstáculo que hacen las delicias de los amantes de esta nueva disciplina.

Por estos senderos y pistas ha montado y entrena el Bastetano David Valero, medalla de bronce en el Campeonato Europeo de Ciclismo de Montaña de 2018, Campeón de España por cuarto año en 2019 y actualmente entre los mejores del mundo en su disciplina.

              

               Comienzo del Parque e inicio/ final sendero con lamentables escombros vertidos por irresponsables

 

El reloj marcaba una temperatura de 25 grados en un día perfecto para esta subida con una leve brisa de Levante, que algo ayudaba en los repechos cortos pero explosivos que había en la pista de pendiente irregular, llegando en algún momento al 14 %, que hacía apretar los dientes entre sudores y masas de pinos y algunas encinas de porte medio que nos acompañan distrayéndonos del esfuerzo con su contemplación.

Después de la subida hay un tramo llano donde recuperar, con horizontes al cielo y las cumbres.

Es buen momento para recrearse y dejarse llevar del espacio, donde los aires corren libres.

Son pinares de repoblación, que desplazaron a los encinares antes predominantes, donde no es fácil apreciar la deforestación y degradación habida especialmente en los últimos 75 años, con la destrucción de una importante masa vegetal, como consecuencia de la tala de árboles para leña y para el aprovechamiento de la ganadería, sobre todo.                  

Así, sin apenas darte cuenta llegas a un cruce donde la izquierda abre los sentidos a una joya de la arquitectura popular típica del Parque y del territorio: El cortijo de la Cruz de la Chaparra o más popularmente conocido como de Santaolalla, donde llegaron a vivir hasta seis familias en régimen de aparcería, siendo hoy día propiedad pública desde el año 1954, por adquisición del Patrimonio Forestal.

Las encinas que ocupan la zona basal en esta sierra se extienden en alturas entre los 1.000 y 1.800 metros, donde cada vez se dejan ver más compartiendo espacios con los pinos dejando un bello contraste con estas formaciones boscosas o arbóreas.

 

Cortijo de Santaolalla o Cruz de la Chaparra

 

Esta zona donde se asienta el Cortijo tiene un interés muy importante por sus formaciones geológicas, al ser zona calcárea cuya erosión kárstica ha creado grutas naturales, dignas de visitar con los conocimientos y medios adecuados.

Otro día quizás vuelva y practicar escalada por las excelentes condiciones naturales que ofrece el entorno para esta disciplina.

Frente al cortijo y para los amantes del senderismo, señalado como Lote 3 un sendero que lleva a las Siete Fuentes andando, corriendo o en bici de montaña, a través de la Rambla del Carretón donde se puede contemplar en sus cercanías la Cueva de La Gotera.                         

El tiempo empleado hasta el Cortijo es más o menos igual que desde Santaolalla hasta Narváez, donde hay varios tramos llanos que hacen más llevadera la subida.

Son tramos largos y zonas de subidas en curvas a izquierda y derecha cerradas, con peraltes naturales que las hacen atractivas de recorrer, con partes donde las piedras y pequeñas rocas se muestran en parte por la erosión con el paso de muchos años de las lluvias arrastradas camino abajo y el paso del hombre y vehículos.

Conforme vamos subiendo y con vistas al levante se va descubriendo la Hoya de Baza y sus comarcas, y al abrigo del poniente hoy silencioso, el camino andado nos acerca en la mirada y el deseo a sus cumbres con los Prados del Rey coronando la Sierra majestuosa por encima de los 2.000 metros sobre el nivel del mar.

 

                                                                               

Quise hacer un pequeño descanso en un lugar donde los árboles predominantes eran los chaparros, y a cuyas sombras, luces y faldas se abrían en plena primavera flores en arbustos, árboles y otra vegetación de unos colores y belleza singulares, con vida efímera condicionada y limitada por los duros rigores del clima en esta Sierra de alta montaña.


        

 

La floración del sotobosque es muy abundante en toda la zona. Esta flor frágil, que se asemeja al papel, de color morado, y que identifico como una jara estepa, también llamada jara de hoja blanca (Cistus albidus), ha sido elegida por las abejas que la visitan durante escasos 15 días cada primavera, para llevarse impregnadas en sus alas un tesoro que consumen en Europa, desde las colmenas donde han depositado el polen en la Sierra de Baza.                                  

El polen de abeja es el único alimento completo en aminoácidos esenciales y vitaminas, según últimos estudios.

Quedaba la última parte de la subida que transcurría entre mantos de piñas en la tierra, altos pinos y un pequeño riachuelo que apenas se escuchaba por las umbrías donde transitaban las aguas de las cumbres y demás humedades que convergían en los pequeños barrancos que las acogían creando espacios frescos en sus vegetaciones arbustivas varias.

 

Tramo del sendero con el Barranco de los Pinos Bordes a la derecha de la imagen

 

Una curva cerrada a la derecha te abría al tramo final que, aunque esperado por la exigencia del esfuerzo, sentías a la vez deseos que no se acabara la ruta, dadas las agradables sensaciones recibidas.

Un cartel te recibe con las distancias recorridas, a la vez que te indica la llegada al puerto de montaña, y a continuación girando a la izquierda pasar por este lugar donde en la parte superior de esta balsa se toma el sendero que lleva a otra fuente mítica digna de visitar por su entorno y belleza: la fuente del deseo.

 

Bosquete de pinos al final del recorrido en el que se localiza una balsa por la que parte otro sendero que lleva hasta la Fuente del Olvido

 

Han sido 16,900 Kms desde los 860 metros hasta los 1350, con un desnivel acumulado en la subida de 549 metros.

Solo faltan dos centenares de metros más hasta llegar a la Fuente de la Taza y su maravilloso entorno, después de pasar por un corto puente de piedra, donde se muestra la fuente con una mirada hacia abajo en su izquierda.

 

La Fuente de la Taza, se localiza en un  bello rincón junto al Barranco del Peral, muy cerca de Narváez

 

Esta fuente es una de las pocas de las que sigue manando agua en esta sierra, cada vez más castigada por la falta de lluvias y nieves, con las consecuencias de pérdida de masa forestal y su biodiversidad, estando cada vez más expuestos a plagas y enfermedades por la debilidad que sufren por el cambio tan drástico en su entorno, agravado por la falta de medios para prevenir y atender estas urgentes necesidades.

El tiempo se para en estos espacios, con el sonido ambiente del agua que fluye en la fuente y en el riachuelo que la visita; del viento que visita y dibuja el entorno con las nubes y sus cielos donde transitan, el muro, la fuente y la vegetación que en ella perduran para nuestro gozo.

 

Sendero que arranca de la Fuente de la Taza y lleva al Centro de Visitantes de Narváez

 

Decido volver pasando por el Área Recreativa de Narváez, cuyo camino me lo indica este camino adaptado al lugar que transcurre entre una valla de madera y un paisaje muy agradable, hasta llegar al centro de visitantes que ese día permanecía cerrado al público, con lo que la visita habrá que aplazar hasta otro día.

Sabía de las cabañas junto al área recreativa, que han dejado de dar hospedaje a los visitantes que querían pernoctar en este maravilloso parque y tienen sus puertas cerradas a esta aventura y privilegio.

 Quizás no estemos preparados para valorar realmente el inmenso valor que tiene en sí mismo, como medio de difundir los valores de la naturaleza de nuestra Sierra y facilitar sus visitas, visitas hoy privadas de ese servicio hoy extinguido.

 

Centro de Visitantes de Narváez

 

Naturaleza en estado puro, que respiras y sientes en cada mirada.

 

Después de andar por esos espacios algo olvidados y llenarme de ellos decidí era el momento de regresar a Baza y disfrutar de la divertida bajada.

Queda en mi la semilla del conocimiento de esta Sierra, que no visitaba desde hacía demasiados años, y quise conocer todo de ella para lo cual me ayudare nuevamente de la “Guía Para Conocer y Visitar el Parque Natural Sierra de Baza”, que estaba en mi biblioteca en lugar preferente, publicada por la Asociación Proyecto Sierra de Baza, formada por personas altruistas y amantes de la Sierra, comprometidas con este medio.

Intuía que aún me faltaba mucho para conocer realmente este lugar, esta Sierra; quería llegar a “verla y conocerla” para sentirla.

Sabía de buena parte de sus lugares; sabia de paisajes y sensaciones, pero mi sierra era casi una desconocida que amaba con el corazón y mis raíces. Casi nada sabía de su historia, algo de sus heridas, y muy poco de la vida que se manifestaba en sus laderas, barrancos, valles, alamedas, ríos y cumbres: flora, fauna, aves y el extenso, rico y variado medio que los acogía.

Seguiré el índice de la Guía centrándome primero en su medio físico, necesario para conocer y amar este lugar de otra forma: a través del conocimiento.

Me interesare por la situación geográfica, su hidrología, geología, geomorfología, edafología y climatología como primer paso.  Paso lento, medido, ilusionante, didáctico y compartido.

Ya conocía parte de ella por el camino andado y deseaba llegar a través del conocimiento; anhelaba escuchar y aprender desde la experiencia, para lo cual había quedado a la tarde con José Ángel Rodríguez Sánchez y Lorenzo Sánchez Quirante para un café tertulia y recoger sus impresiones desde su amplia experiencia sobre este medio físico, del que eran autores en la Guía por sus conocimientos y compromiso en defensa y valor de este lugar.

Tenía prisa por bajar, ducharme, reponer fuerzas y pensar en los momentos vividos, y en la bajada me deje llevar acompañado por los aires serranos y las vistas que alientan el espíritu haciéndote en su grandeza y sencillez sentirte parte de ella.

 

ESCUCHA Y MIRA LA SIERRA. COMPRENDERÁS TODO MEJOR…”