EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXII
Nº 254 AGOSTO 2020
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Uno de los más maravillosos fenómenos del mundo natural

Por José Ángel Rodríguez

 

© José Ángel Rodríguez

Abejaruco común (Merops apiaster) una especie netamente migratoria estival en la Península Ibérica.

 

Ahora, con la llegada de la primavera, son varios miles de millones las aves que procedentes del continente africano y sudeste asiático, se desplazan anualmente a otros territorios, como son la Península Ibérica, en el llamado vuelo prenupcial con el objetivo de venir a este territorio para alimentarse y reproducirse. Posteriormente, tras permanecer unos meses con nosotros, y antes de la llegada del otoño, efectuarán su regreso al territorio del que procedían, en la llamada migración postnupcial, formando todo ello parte de lo que ha sido calificado como “el más impresionante de los fenómenos naturales” (Thjomas E. Lovejoy). Un fascinante fenómeno natural que ha impresionado al hombre desde la antigüedad, llenándolo de dudas e interrogantes, muchos de ellos aún sin respuesta, y del que vamos a compartir unos breves apuntes con vosotros.

Nuestra vida y patrimonio natural está llena de curiosidades, algunas de ellas son fenómenos maravillosos ante los que el hombre, con tantos conocimientos como ha sabido adquirir en muchos campos de la ciencia, no le encuentra una respuesta y explicación convincente, como ocurre con el fenómeno natural de la migración de las aves, las que pueden efectuar viajes que elocuentemente han sido calificados como "épicos" recorriendo en su marcha de miles de kilómetros, a través de las llamadas rutas migratorias.

 

Pautas migratorias

 

© José Ángel Rodríguez

Alcaudón común (Lanius senator), otra de las especies migratorias estivales que visitan la Península Ibérica.


Anualmente, son varios miles de millones de aves las que se desplazan en sus vuelos migratorios, hasta el punto de que se estima que la mitad de las especies de aves del mundo emigran y llevan a cabo desplazamientos que pueden ir desde unos cientos de metros a vuelos de circunnavegación del planeta de norte a sur y de este a oeste, como ocurre con pardela cenicienta (Calonectris diomedea) una especie migratoria y marina que puede recorrer en un año más de 40.000 kilómetros entre sus áreas de cría (Canarias, Baleares, Chafarinas y otros islotes) e invernada (Argentina, Namibia, Sudáfrica y otros puntos del hemisferio sur). Hasta el punto de que las migraciones de las aves son tan variadas como las especies que las emprenden, por lo que no es fácil definir pautas migratorias, aunque sí tendencias singulares, en las que el clima y correlativamente las búsqueda y disponibilidad de alimento en un lugar o región es el principal condicionamiento de los movimientos migratorios. De modo que las aves no tienen necesidad de desplazarse si el clima es benigno a lo largo de todo el año y la disponibilidad de alimento no supone ningún problema para ellas.


Vuelos por instintos genéticos

 

© José Ángel Rodríguez

Colirrojo real, una especie migratoria que entró en las observaciones de Aristóteles.


Una de las grandes maravillas de la migración, es que se trata de un comportamiento instintivo: sin mediar aprendizaje, las aves son capaces de reproducir, generación tras generación, pautas migratorias muy complejas, sin un aprendizaje previo, de forma que la mayoría de los individuos jóvenes saben por instinto adónde ir y como regresar de nuevo a ese lugar, siguiendo unos precisos recorridos, lo que ha sido interpretado que se debe a la presencia de una herencia genética que condiciona el ritmo invernal de invernada, que las prepara para emigrar en el  momento justo.

Esta base genética determina algunas conductas de estos vuelos, es por ello que, por citar un ejemplo, no todas las aves eligen las mismas horas del día para moverse en sus desplazamientos migratorios, así mientras unas muestran claras preferencias por el vuelo diurno o nocturno, la mayoría de las especies suelen realizar sus vuelos migratorios tanto de noche como de día. Las principales diferencias entre el vuelo nocturno y diurno está condicionado por los métodos de navegación u orientación empleados por las aves para orientarse en su vuelo, ya que si para llegar las aves a su destino, lo que hacen con una precisión milimétrica, de modo que un ave puede hacer un vuelo de más de 2.000 kilómetros para ir al mismo lugar donde nidificó en el pasado año, emplea unos sistemas de navegación muy complejos y aun insuficientemente conocidos para el hombre, y que han sido agrupados en tres grandes categorías:


Brújula solar.
Brújula magnética.
Brújula estelar.


Aunque también se piensa que es muy probable que algunas aves recurran a otros sentidos, como el olfato y al sonido, para orientarse en sus viajes.
Sería interesante profundizar a cada una de ellas, pero excede su contenido de estos breves apuntes sobre el fenómeno de las aves migratorias y sus singularidades.


¿Cuánto puede durar un vuelo migratorio?

 

© José Ángel Rodríguez

Golondrina común (Hirundo rustica), en vuelo de planeo capturando insectos sobre una charca.

 

Otra pregunta que suele hacerse con frecuencia, cuando hablamos del fenómeno migratorio de las aves es ¿cuánto dura un vuelo migratorio?

Ya hemos comentado, al principio de este artículo, que los desplazamientos migratorios de las aves pueden ir desde unos cientos de metros a vuelos de circunnavegación del planeta de norte a sur y de este a oeste, cubriendo recorridos de miles de kilómetros, por lo que la duración de estos viajes va a depender de la distancia, lo que sí podemos calcular es su duración aproximada conociendo de dónde vienen y a dónde van: la distancia a recorrer. Una vez conocido este dato (distancia que han cubierto) es importante tener presente que las aves, en cuatro o cinco horas de vuelo, que es lo que suelen emplear en cada sesión, cubren una distancia de 150 a 200 Km, lo que puede arrojarnos vuelos de uno o varios días hasta meses. Teniendo especialmente presente en estos cálculos que, las aves deben parar a descansar y alimentarse en puntos adecuados, los que se denominan áreas de reposo o de sedimentación, los que resultan muy importantes para que el viaje llegue a buen destino.


Un fenómeno que siempre ha fascinado al hombre

 

© José Ángel Rodríguez

Macho de curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala), otra de las especies migratorias que ya llamó la atención de Aristóteles en su teoría de la transmutación.

 

La fascinación de la humanidad con las aves migratorias, es evidente en el simbolismo a lo largo de la historia en muchas leyendas culturales antiguas. Así Aristóteles, en la antigua Grecia, conocía las migraciones y describió correctamente como migratorias a una serie de aves, pero no fueron sus correctas observaciones, sino su mítica teoría de la transmutaciones, las que aparecieron repetidas casi a lo largo de dos mil años en los libros de multitud de estudiosos. Así Aristóteles escribió que los colirrojos se transformaban el petirrojos al llegar el invierno (hoy sabemos que los primeros abandonan Grecia para trasladarse al África Subsahariana, mientras que los segundos crían en áreas más septentrionales y pasan el invierno en Grecia). Lo mismo decía de la curruca mosquitera, que pensaba que nadas más llegar los fríos se convertían en currucas capirotadas.    

Otros ejemplos, nos vienen del antiguo Egipto, así se dice el dios con cabeza de halcón Horus y en Perú, los monumentos de líneas de Nazca, son testimonio de las profundas influencias de las aves migratorias en las culturas del pasado. Además, muchos grupos y culturas siguen dependiendo económicamente de las aves migratorias para su sustento, por ejemplo a través de la subsistencia y la creciente industria mundial del ecoturismo y la observación y fotografía de aves, una actividad emergente en el planeta que está creando mucho empleo, al tiempo que está suponiendo una considerable mejora en el mantenimiento de muchos ecosistemas esenciales para la vida silvestre y que han sido denostados hasta no hace mucho tiempo.

 

La biodiversidad, y la misma vida, están asociadas a la migración de las aves

 

© José Ángel Rodríguez

Tórtola europea (Streptopelia turtur), una de las especies migratorias en mayor peligro a nivel global, pese a lo cual se sigue permitiendo su caza.


El fenómeno de la migración de las aves, es también crucial para la trama de la vida, porque las aves migratorias actúan como indicadores de la salud de los ecosistemas, la diversidad biológica y el cambio climático. Las aves migratorias también proporcionan beneficios esenciales y servicios ecológicos, tales como la polinización, a los ecosistemas de los que dependemos para sobrevivir o el control de plagas y de insectos.
Teniendo en cuenta las conexiones culturales, sociales, históricas, económicas y espirituales que tenemos con las aves, resulta evidente que las aves migratorias, los pueblos y sus gentes están inseparablemente conectados de diferentes maneras y niveles. Sin embargo, muchas actividades humanas, incluyendo el excesivo uso de la tierra y la caza furtiva o no sostenible, así como los impactos del cambio climático, o la captura incidental en la pesca y la contaminación, ponen en grave peligro las poblaciones de aves migratorias en todo el mundo. Por todo ello nuestra llamada para la preservación y conservación de las aves migratorias.

Puede ampliarse información sobre este interesante tema en el libro: “AVES. Las grandes migraciones”, de varios autores, dirigidos por Jonathan Elphick, que ha sido consultado para la preparación de este texto.