EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXII
Nº 256 OCTUBRE 2020
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Un proyecto de Miguel José Ávalos,

Fotógrafo del Reino de Granada.

 

EPISODIO 6:

Expedición Bazae - Cazorlensis  (1.600/2.000 m.),

PN Sierra de Baza y PN de Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas.

 

BANDERA ESTIVAL:

 

Tras esta sexta y última diapositiva estival, en el Episodio 7, estrenaremos bandera, la de color amarillo anaranjado, la de nuevos vientos, la de nuevas luces y, esperemos, la de nuevas y frescas lluvias. Porque ya atardeció… que no es poco y en La Fonfría cayeron del cielo los mejores claroscuros serranos de este verano que ya despedimos.

 

 

Y en búsqueda de precipitaciones seguí con mis movimientos entre calares, concretamente entre Los Tejoletos y La Boleta, atravesando el Collado del Resinero y cayendo en Prados del Rey para parar junto al pluviómetro. Fue en la noche donde supuestamente se precipitarían más perseidas. Al final cayeron brumas y luces que se fusionaban con los fogonazos de las tormentas que andaban a los costados de nuestra sierra. Solo rozaron a nuestra montaña, el temporal estuvo por allí de paso. Y después de una buena cena entre buenos fotógrafos y mejores amigos me dio tiempo a invocar la caída del agua en el plateado recipiente de hojalata.

 

 

Antes había retratado a un individuo de esos que no destaca por nada pero que es bastante completo y de esbelto porte. El árbol anduvo quieto, extrañado, como sin saber a qué luz atenerse, si la de las estrellas, la de los meteoros, la de las nieblas, las del fuego eléctrico o las artificiales de nuestras torpes pero apasionadas linternas.

 

 

Y de allí, cual ave fénix resurgido de entre las cenizas del calor del mes de agosto, nos dirigimos como águilas y buitres, atravesando toda la carne del surco intrabético. Aterrizamos en unas llanuras solitarias, los Campos de Hernán Perea, paraje delicioso de la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas. Entre otras diversiones, quería medir las dimensiones de un pino que recordaba seco; bueno, estoy mintiendo, quería encontrarlo aún erguido con su pose natural, resistiendo bien vivo, a sabiendas de que andaba bien muerto; y allí seguía incansable, en pie, monumental e inmemorial, medio crucificado y achicharrado en su particular monte del calvario. Sus raíces, con forma de lombrices, eran uñas clavadas en la tierra y, a duras penas, con la única axila que le quedaba en su desgarrado cuerpo, se agarraba hasta con el alma al fuego fatuo de la vida, aquel que le marca cada noche la rosa de los vientos.

 

 

LA CABRA SIEMPRE TIRA AL MONTE:

 

Este viaje cazorleño fue un espejismo fugaz y ya de vueltas por mi Sierra de Baza vi como nuestra fauna alucinaba con las escaleras sin sentido que andan trajinando los que erigen minas en zonas naturales protegidas. Y yo, cansino, como la cabra que después de beber vuelve a tirar hacia el monte, insisto en que es una aberración que no debería permitirse. Es alucinante el daño visual e inmoral que andan perpetrando, haciendo un monumento a lo que fue el holocausto de nuestros árboles más valiosos tal y como os conté en mi colaboración del mes pasado. No pega ni con cola levantar lo que espero que no sea un mini parque de atracciones con vagonetas sobre las vías, más voces y ruidos que molesten a nuestra aún rica biodiversidad. Pasaros por las Minas de Puerto Palomo y ya me decís.

 

 

Y como la sierra merece que la defiendan, aprovechando septiembre, inicio de cursos y de nuevas perspectivas, mis amigos y un servidor seguimos trabajando calladamente en ella. La cabra seguirá yendo al monte pero no aparecerá en estos nuevos episodios que os traiga. Tendrá un pequeño descanso. Vienen tiempos de berrea y el ciervo pide paso. Ahora anda con su metamorfosis de las que eran sus cuernas de terciopelo. Las ramas de sus árboles están en plena ebullición entre heridas y sangre que darán paso a las lanzas necesarias para las luchas entre venados. Dijo Góngora que “la vida es ciervo que las flechas le dan alas”. Pues hasta aquí puedo leer.

 

 

EMOCIONES DE UN FOTÓGRAFO DE NATURALEZA:

 

Y en cuanto a mis pensamientos más íntimos hacia la naturaleza os tengo que confesar que esto de “el pino salvaje” está siendo un viaje apasionante. Estos árboles andan ofreciéndome un escenario idílico entre tanta fauna indómita. Cuando me venga a dar cuenta habré pasado por las cuatro estaciones del año, las cuales cayeron con la velocidad de cuatro atardeceres.

 

 

El material que ando recogiendo sé que acabará en un foto libro, ya casi lo voy imaginando al final del túnel. Y lo que iba a ser un trabajo específico sobre Pinus se convertirá en una miscelánea con relatos cortos que espero os inspire tanto como a mí su proceso creativo. Y sí, su eje conductor será el pinar autóctono con el que ando codo a codo durante mis paseos por las sierras calvas del poema de Antonio Machado, pero estos árboles vendrán de la mano con la aparición estelar de sus compañeros, aquellos que se cobijan y abrigan bajo sus buenas sombras o los que vuelan alto sobre sus cabezas, otros protagonistas igual de admirables. Nos vemos tras septiembre. Y es que ahora…

 

<< Empleo mi vida en vagar por el camino

mientras guardo las flores de las cuatro estaciones

en mis pensamientos. >>

 

Tagami Kikusha

Fdo. Miguel José Ávalos

Fotógrafo del Reino de Granada

 

www.migueljoseavalos.com

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