EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXIII
Nº 262  ABRIL 2021
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El curioso caso del triguero

 

Por José Ángel Rodríguez

 

 © José Ángel Rodríguez

Ejemplar de Triguero (Emberiza calandra) marcando el territorio desde su atalaya.

 

PSB 01/03/2021

La monogamia es rara en la mayor parte de los grupos de animales, pero en las aves suele ser la regla general, de modo que más del 90% de las aves se consideran monógamas, e incluso en algunas especies, tales como las águilas, los halcones, las palomas, los cisnes, los gansos, etc, las parejas son para toda la vida y a menudo permanecen juntos durante todo el año, compartiendo alimento, territorio de caza, presas y alimento. La monogamia estacional es más común en la mayor parte de las aves migradoras que se emparejan durante la estación de cría, pero que llevan a cabo vidas independientes durante el resto del año.

 

© José Ángel Rodríguez

Paloma bravia, una especie monógama que puede mantenerse durante toda la vida de los ejemplares.

 

La poligamia es la relación menos común; en el mundo de las aves, en ella un individuo tiene varios compañeros reproductivos. Hay varios tipos de poligamia, que podemos resumir en los siguientes apartados:

- Poliginia. Un macho se aparea con varias hembras (cada hembra se aparea con un macho). Es la forma más común de poligamia.

- Poliandría. Una hembra se aparea con varios machos (cada macho se aparea con una hembra). Es la forma más rara de poligamia.

- Promiscuidad. Los individuos de ambos sexos se aparean indiscriminadamente, sin formar verdaderas parejas reproductivas. Muchos colibríes son promiscuos. En este sistema de apareamiento, en general son las hembras las que se quedan cuidando los huevos y las crías.

- Poliginandria. Tanto machos como hembras forman parejas con varios miembros del sexo opuesto.

Un curioso caso de comportamiento sexual, en nuestras aves, lo tenemos en el Triguero (Emberiza calandra = Miliaria calandra) un ave que curiosamente tiene conductas sexuales tanto monógamas como polígamas. En esta especie se ha constatado la existencia de individuos con harenes de hasta de siete hembras, cada una con distinto nido y en el mismo área. El macho escoge un cantadero a alturas que van, desde un pequeño montículo de tierra, hasta más de 10 metros en un árbol, desde el cual puede vigilar sus nidos o por lo menos el camino utilizado por las hembras que lo incuban cuando deja el nido para alimentarse y controlar de este modo todo su harén, una curiosa conducta en el mundo de las aves.