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Edición Mensual - año VIII - Nº 89 – Noviembre 2006 |
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CURIOSIDADES ECOLÓGICAS: LA HIBERNACIÓN DE LOS ANIMALES
¿Qué es la hibernación? ¿Cómo se produce? ¿Qué incidencia tiene en la vida del animal? ¿En qué especies se produce la hibernación?... son algunas de las cuestiones que se abordan en este documentado y ameno texto, que nos introduce en el desconocido mundo de la hibernación de los animales, ahora que algunas especies están entrando en su sueño invernal, para enfrentarse y superar los rigores climáticos y adversidades del invierno de la forma más cómoda posible: durmiendo La hibernación es un letargo invernal producido por un descenso del metabolismo, que permite evitar del periodo más frío del invierno y las carencias alimenticias propias de la mayor parte de los vertebrados en esta época del año. En algunos casos la alimentación es nula y el glucógeno necesario se forma a partir de las reservas de grasa, mientras que en otros casos se producen interrupciones periódicas para poder alimentarse. La respiración se hace más lenta y la temperatura corporal desciende de forma notable, aunque variable de unas especies a otras. El tiempo de permanencia en la hibernación depende mucho de la latitud, de modo que suele ser muy variable pudiendo ir desde los 7 meses en las regiones áticas a los 2 ó 3 meses en las regiones más templadas. La hibernación es propio de los animales homeotermos (de sangre caliente), aunque en los en los de sangre fría (poiquilotermos) como los anfibios y reptiles se observan también cambios similares. Si bien la hibernación propiamente llamada es aplicada tan solo a los animales de sangre caliente en cuanto que el control de la temperatura es mucho más decisivo en ellos que en los de sangre fría. Por ser homeotermos (de sangre caliente), son capaces de mantener constante su temperatura orgánica con independencia de las variaciones ambientales. Sin embargo, este mismo hecho les hace reaccionar desfavorablemente a los cambios, incluso a los mínimos, de esta temperatura orgánica. En el caso del hombre, si baja más de unos grados, deja de funcionar el centro cerebral del control térmico, y la persona muere, a menos que se aplique con rapidez algún sistema de calentamiento externo. Todos los inviernos, la hipotermia causa la muerte de gran número de hombres y animales.
El letargo o sueño invernal de algunos animales como el tejón, no puede confundirse con la verdadera hibernación, de modo que hay asimismo especies que duermen durante gran parte del invierno, pero sin llegar a experimentar las grandes modificaciones fisiológicas de la verdadera hibernación. Muchos roedores como el lirón careto y murciélagos muestran una hibernación en sentido estricto, pero resulta dudoso que algunos carnívoros, por ejemplo los osos, hagan algo más que dormir durante la mayor parte del período invernal, alojados en un cubil apropiado. Por esta razón, al hablar de su sueño invernal, no lo denominamos hibernación, sino letargo. Al dormir en una oquedad donde existe muy poco movimiento de aire, el animal puede mantener la temperatura orgánica, en el caso de que esté debidamente aislado y seco, gastando únicamente una pequeña fracción de la energía que necesitaría en el exterior. De esta forma, si durante el verano anterior almacenó sustancias alimenticias y durante el invierno hace alguna comida ocasional cuando las condiciones sean favorables, logra sobrevivir sin mayores dificultades.
La hibernación es también diferente de la diapausa, término que se ha generalizado con respecto a los insectos, pero también es aplicable con respecto a otros seres vivos. En la fase o período de diapausa, que puede coincidir con la fase huevo, larva o de pupa o imago, se produce un estado de interrupción de las constantes vitales que aunque pueda estar motivado por una concurrencia de estímulos medioambientales, son más propios de los ritmos endógenos de la especie. Finalmente destacar que otro grupo de seres vivos, las aves, no tienen hibernación y ello en cuanto que con sus migraciones pueden desplazarse en largos vuelo a lugares más favorables para pasar el invierno. Los vegetales tienen otra peculiar forma de adaptarse para superar los rigores del invierno, pero ello merece un capítulo aparte de lo que nos ocuparemos en nuestra próxima revista digital. | volver |
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