|
|
|
|
||||||||||||||||||||
|
|
Edición Mensual - año IX - Nº 102 – Diciembre 2007 |
|
||||||||||||||||||||
|
|
|
|
||||||||||||||||||||
|
|
ESTUDIOS PALEO-AMBIENTALES REALIZADOS EN LAS TURBERAS DE LA CAÑADA DEL GITANO (SIERRA DE BAZA) NOS ACERCAN AL MEJOR CONOCIMIENTO DE LA CULTURA ARGÁRICA EN EL SUDESTE IBÉRICO
El polen, al ser resistente al deterioro por el paso del tiempo, viene siendo utilizado como una útil herramienta para la identificación de formaciones vegetacionales de épocas pasadas en un concreto territorio, para intentar responder a lo que se conoce como el paleoambiente y el entorno del habitante primitivo, en el que se utilizan estos análisis botánico con particular servicio a los estudios arqueológicos. Una de las fuentes de polen fósil más frecuentes, especialmente en latitudes medias del planeta, son las turberas, unos ambientes lacustres o humedales que registran una alta concentración de polen histórico, motivada por mantener condiciones de anoxia de manera constante, de modo que la preservación óptima del polen se da en ambientes poco expuestos a la erosión y oxigenación. Por ello, las turberas y demás espacios lacustres se muestran especialmente útiles en este aspecto. Por otra parte, en este tipo de cuencas de depósito el material sedimentado lo hace de manera secuencial de modo que se pueden extraer sondeos coherentes en el tiempo, en los que la base sea más antigua que la zona superior. Si se realizan análisis polínicos de muestras consecuentes en un sondeo de estas características y además se realizan dataciones absolutas se pueden obtener curvas de cambio vegetal a lo largo de un periodo concreto y por tanto secuencias de cambio climático a lo largo de dicho periodo. Es lo que se ha hecho en dos turberas del Sudeste ibérico, donde se ha efectuado un estudio de los fósiles de polen y de los carbones hallados en el subsuelo de las turberas de la Cañada del Gitano, en la Sierra de Baza (en Granada) y en la Sierra de Gádor (Almería), en un interesantísimo trabajo efectuado por técnicos de la Universidad de Murcia, que publicaba el diario El Mundo en el pasado mes de noviembre, en su sección de Ciencia y Ecología, cuyo estudio destaca entre sus conclusiones la de que la cultura argárica, que se asentó en el sudeste de la península Ibérica hace entre 4.500 y 3.600 años, “desapareció por una mala gestión de sus recursos naturales”, e indica como “el colapso ecológico tuvo mucho que ver con la deforestación a la que sometieron a una zona que ya sufría de aridez y en la que los incendios fueron una constante”. Para llegar a estas conclusiones los investigadores tomaron dos testigos de los sedimentos acumulados en el suelo de la Cañada del Gitano (Sierra de Baza) y en la Sierra de Gádor. La máxima profundidad a la que llegaron fue 4,17 metros, hasta dar con el lecho de roca. El objetivo era reconstruir el ecosistema de aquella lejana época y comparar los resultados para ver cómo había evolucionado el medio ambiente en esta región levantina a lo largo de miles de años, en pleno Neolítico, gracias al estudio de los fósiles de diferentes tipos de polen. Después vino el estudio del material en el laboratorio. "Retrocedimos hasta 8.400 años en la historia y comprobamos que ya hace 5.500 años el clima inició un cambio, se hizo más árido, pero la vegetación se adaptó y no hubo colapso", -explicaba Carrión a EL MUNDO- “Sin embargo –añadía el científico- con la cultura argárica, hace unos cuatro milenios, se intensificó la minería y comenzaron a producirse excedentes agrícolas y una mayor explotación de los bosques. Gracias a los carbones, se sabe que hace unos 4.100 años se extendieron los fuegos provocados, quizás para aumentar los pastos, y hace 3.800 años la vegetación había cambiado: los bosques originales se transformaron en matorrales y plantas espinosas”. La consecuencia de esta degeneración ambiental provocada por el hombre y de la que mucho tendríamos que aprender fue la de que "se perdió una gran biodiversidad ecológica y de forma muy rápida, en menos de una década. El cambio del clima no transformó el ecosistema, pero sí lo hizo la tala, los fuegos y el exceso de población. Se acabó la madera y sólo 300 años después la cultura argárica desapareció. Y la agricultura y el pastoreo, básicas para su supervivencia, se hicieron imposibles y las comunidades tuvieron que emigrar”. Con estas conclusiones en la mano, el investigador recuerda que son muchas las culturas que han sufrido "un suicidio ecológico por sobreexplotación del medio”, sobre todo en sociedades que han vivido en los márgenes de ecosistemas frágiles". "Debemos aprender del pasado. Cuando las comunidades son pequeñas, son sostenibles, pero el problema llega con la sobreexplotación brutal de un espacio".
El texto íntegro del artículo comentado puede consultarse en el siguiente enlace: | volver |
|
|
|
|||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
|
|||||||||||||||||||||
|
|
|
|||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
|
|||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
|
|||||||||||||||||||||
|
|
|
|||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||
|
Resolución de pantalla recomendada: 1024 x 768 Publicación 100 % No subvencionada y sin publicidad. |
|
|||||||||||||||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
||||||||||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||||||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
||||||||||||