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Edición Mensual - año XIV - Nº 151 – Enero 2012 |
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CURIOSIDADES ECOLÓGICAS: El muérdago y la Navidad
Una de las plantas más asociados con los días navideños es el muérdago, al alcanza su fruto su máxima plenitud de maduración en estas fechas, no siendo extraño ver en plena época navideña ramas de muérdago adornando puertas y ventanas, o colgando en el techo, como símbolo de la buena suerte. Se trata de una tradición que se extendió por Europa y Norte América a mediados del siglo XIX, importada de los países del Norte y Centro de Europa, en los que el culto al muérdago, al que se le asignaban virtudes mágicas y esotéricas, se extiende a la antigüedad. Como origen de esta tradición se cuenta que durante el siglo XIX, en Inglaterra y Francia, los mendigos pedían dinero durante la Navidad con ramas de muérdago en la mano, al tiempo que vaticinaba buena suerte para el año venidero.
La presencia de muérdago en una casa durante las fiestas navideñas se asocia como símbolo de buena suerte, de regeneración y restauración de la familia y del hogar, así como un poderoso protector contra males indeseables y una garantía de amor eterno, considerándose que otorga la fortuna a quienes se besan bajo esta planta durante la Navidad.
El muérdago es una planta que ha atraído al hombre desde la antigüedad, rodeándola de un aura de magia y misticismo. Por el hecho de crecer exclusivamente sobre los árboles fundamentalmente coníferas, aunque también puede hacerlo sobre manzanos, perales, álamos, sauces u olivos, se interpretaba en la antigüedad como que era una planta que no pertenecía a la tierra, sino que venía del Cielo. No andaban muy desencaminados los antiguos, en cuanto que hoy sabemos que el muérdago no tiene contacto alguno con el suelo, sino que se reproduce a través de las aves, con las que establece una perfecta simbiosis, de modo que a cambio de servirle de alimento contribuyen a su dispersión natural, de modo que al posarse el pájaro que ha consumido este fruto y pasar el mismo por el sistema digestivo del ave, junto con sus excrementos, se deposita la semilla en las ramas, que gracias a esta unión viscosa que forma la semilla y el excremento del animal, queda unida a la rama donde germina una plántula que tras desarrollar unas rudimentarias raíces conocidas como haustorios (órganos suctores especiales) penetra en la cubierta vegetal de la planta hospedante, a través de la cual atiende las necesidades de agua y sales. Este proceso si bien no perjudica de forma general a los árboles, siendo capaces de vivir con éste huésped, sí pueden verse afectados en su supervivencia y vitalidad cuando están muy invadidos por el muérdago o el ejemplar está debilitado por falta de agua o vivir en suelos pobres, o en épocas de sequía, pudiendo suponer la muerte del árbol afectado por el parásito. En la mitología clásica, encontramos numerosas referencias al muérdago. Así se cuenta en la mitología griega que Eneas abrió la entrada del infierno con una vara mágica de color dorado fabricada con muérdago. Planta a la que se alude en la Eneida con nombres tan sugerentes como el de “áureo ramo” o “áureo follaje” (áureo = oro, en latín). Tradición que se ha arrastrado posteriormente en otras culturas, de modo que se ha considerado que “el muérdago es el pasaporte para entrar y salir de los abismos, para cruzar los umbrales de las puertas” como relata el escritor Ignacio Abella en su libro “La Magia de los Árboles”, cuando se ocupa con rigor y detalle de esta especie, de la que cita innumerables tradiciones que nos llevan a la leyenda germánica del dios Balder, hijo de Odín y de Freya, que personifica la bondad, la belleza y la inteligencia, y al que su madre protegió con el mágico arbusto del muérdago “que no pertenece a la tierra”, o la leyenda de Perséfone cuando desciende a los infiernos y regresa victorioso, a la de la corona hecha de muérdago del Rey del Bosque de Nemi, gracias a la cual se convierte al mortal terrestre en intermediario de la divinidad, o a la de la propia Cristiandad. Sin olvidarse, como señala este mismo autor, del aspecto esotérico y simbólico que rodea a esta mística planta para franquear otras puertas de nuestros subconscientes, como es la de los sueños. Así cuenta Ignacio Abella que en Gales (Francia) para obtener sueños proféticos se recogía una ramita de muérdago en la noche de San Juan (fecha que se repite en numerosos ritos y no solo relacionados con el muérdago) y se colocaba ésta bajo la almohada, alcanzándose esa noche sueños que luego se cumplían. El médico y filósofo árabe Averroes (1126 – 1198) también ha elogiado los poderes del muérdago, sobre cuya planta decía que “penetra en el cuerpo profundamente, disolviendo los tumores que extrae”. Pero sin duda donde alcanzó el muérdago una mayor relevancia fue en el mundo celta. Para los celtas existía una relación muy estrecha entre lo humano y la naturaleza, de la que se consideraba que manaba una energía que fluía hacía los hombres, haciéndose necesario controlar o neutralizar. Por eso cada comunidad necesitaba establecer una relación amistosa con estos poderes, a los que se debía seducir con sacrificios realizados por los druidas, los que simbolizaban la unión de lo religioso con los político y los mágico, lo que les hacía ser vistos inmersos de un extraordinario poder en la sociedad celta. En los tiempos actuales, como también hemos comentado, se han recuperado algunas de estos atributos del muérdago y ha pasado a ser para muchas personas un talismán de la Navidad. | volver |
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