REPORTAJE

¿Que fauna sobrevive a la eutrofización?

 

 

 

 

 

 

 

Con la desaparición de la vegetación acuática sumergida y la pérdida de la transparencia del agua, no sólo se altera el porcentaje de oxígeno disuelto (una prueba común de la calidad de estas aguas en la DQO, demanda Química de Oxigeno y la DBO, Demanda Biológica de Oxigeno), sino que se altera la conducta lumínica imprescindible para la fotosíntesis y por tanto para la vida. A su vez la profusión de detritos genera una abundancia de descomponedores, casi todos bacterias, cuyo crecimiento explosivo crea una demanda nueva de oxígeno disuelto, que consumen en la respiración. El resultado es el agotamiento del recurso con la consiguiente sofocación de peces crustáceos. Sin embargo, las bacterias no mueren, tienen la capacidad de cambiar a la respiración anaerobia (una opción del metabolismo celular que no requiere oxígeno), de modo que las bacterias prosperan y aprovechan el oxígeno, de modo que en tanto que haya detritos que las alienten aprovechan el oxígeno que quede.

Se suele decir que las masas eutróficas de agua están muertas, pero biológicamente están lejos de ello (Bernard J. Nebel y Richard T. Wright, 1998). La realidad es que la producción total de biomasa del fitoplancton llega a ser mayor que la comunidad béntica anterior, al tiempo que sobreviven y se reproducen algunos seres vivos que se han adaptado a consumir el fitoplancton y vegetación de la superficie acuática y a evitar las aguas profundas, sin oxígeno. En el ejemplo de la bahía de Chesapeake (ver ¿Como perjudica a la vida de los ríos?) tras el proceso eutrófico de los años 60, prosperó la población de boquerón y el arenque de agua dulce, especies que al ser pequeñas y grasas carecen de valor comercial no siendo adecuados para el alimento humano, al tiempo que desaparecieron otras especies. Por lo que se puede asegurar que el fenómeno de la eutrofización implica una pérdida de biodiversidad, disminuyendo el número de especies de seres vivos que estaban presentes y aumentando el número de individuos de las pocas especies que quedan o se adaptan a estas condiciones (M. Verdugo Althofer, 1995).

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