REPORTAJE

¿Como perjudica a la vida de los ríos?

 

 

 

 

 

 

 

Un ejemplo muy ilustrativo de las perniciosas consecuencias de la eutrofización en los ecosistemas acuáticos nos viene dado por Nebel y Wright (1998), los que relatan como antes de los años sesenta del pasado siglo la Bahía de Chesapeake (EEUU) era productiva en extremo; rendía millones de kilogramos de pesca y mariscos y albergaba grandes bandadas de aves acuáticas. Casi todas las cadenas alimenticias que mantenían esta zona generosa se originaba en la vegetación marina, 200.000 hectáreas de "pasto" submarino que crecía a uno o dos metros debajo de la superficie. Los macizos de vegetación proveían alimento, hábitat para el desove, abrigo para las crías y oxígeno disuelto para respirar.

Al comienzo de los setenta, comenzó a morir la vegetación acuática de todos los ríos y subestuarios que desembocaban en la bahía. Para 1975, las pérdidas eran graves y para 1980 no quedaba vegetación sumergida excepto en el desagüe principal, en la parte inferior de la bahía. Las poblaciones de peces, moluscos y aves acuáticas que dependían de la vegetación también comenzaron a desaparecer. Todavía más desbastador fue que en las aguas del fondo de las zonas profundas se agotó el oxigeno disuelto y muchos peces y moluscos murieron sofocados ¿Qué causó la extinción de la vegetación marina y el agotamiento del oxígeno disuelto?

Un equipo científico de la Universidad de Maryland y del Instituto de Ciencias Marinas de Virginia, patrocinados por fondos de la Oficina de Protección al Ambiente, investigó el problema. Los desechos químicos tóxicos de las industrias fueron descartados, por que si bien causaban daños e algunos lugares no podían ser el causante de la extinción de toda la bahía. Se sospechaba de los herbicidas empleados en los campos agrícolas, pero las pruebas mostraron que no alcanzaban concentraciones perjudiciales excepto en canales y arroyos pequeños que recibían el desagüe de los campos. Así, los investigadores dirigieron su atención a la función de la claridad del agua, y esa resultó la clave. Las aguas de la bahía de Chesapeake se habían vuelto turbias, y así permanecían durante lapsos prolongados. El aumento de la turbiedad bloqueaba la luz requerida para la fotosíntesis, y por ello la vegetación moría. ¿Qué causaba esta turbiedad? El fitoplancton (phyto, vegetal: y, plancton, errante), compuesto de varias formas de plantas microscópicas que crecen y se multiplican al tiempo que flotan en el agua. El enriquecimiento del agua con nutrientes estimuló el crecimiento del fitoplancton. Agravaban el problema los sedimentos en suspensión. Con la pérdida de la vegetación marina ya no se realizaba la fotosíntesis y no había oxígeno disuelto. Todavía más perjudiciales fueron las bacterias descomponedoras que se alimentaban de la materia muerta, pues consumía el oxígeno que necesitaban peces y moluscos. La bahía de Chesapeake había caído víctima de la eutrofización.

En España, Santos Cirujano Bracamonte (La calidad del agua y los sistemas acuáticos españoles. Pág. 245) refiere como el problema de la contaminación de las zonas húmedas del SW de Europa por aguas procedentes de núcleos urbanos, industriales o vertidos agrícolas (a lo que nosotros tendríamos que añadir siguiendo los sucesos de la Sierra de Baza, también por vertidos forestales) no es nuevo. Diversos informes, que ciertamente tuvieron una distribución restringida (Van Vierssen, 1983) y alguno trabajos (Cabrera, 1984) alertaron hace tiempo sobre el grave problema que se cernía sobre la biocenosis acuáticas que viven en nuestras aguas leníticas. Entre los enclaves más importantes sometidos a un proceso creciente de eutrofización deben de mencionarse Aiguamolls de l`Empordà, Delta del Ebro, Albufera de Valencia, el Hondo de Elche, Tablas de Daimiel, lagunas de la Mancha Húmeda, Doñana y Albufera de Mallorca.

Este mismo auto (Cirujano Bracamonte, 1995), destaca como la eutrofización afecta directamente a las plantas acuáticas, cuya eliminación acarrea la de los efectos beneficiosos producidos por estas plantas que inciden sobre el mantenimiento integral de los ecosistemas acuáticos y sobre sus características físico-ecológicas. Señalando como parece estar claro que el decaimiento de la vegetación sumergida se debe a diversas causas que pueden resumirse del siguiente modo:

Aumento de la turbiedad, inducida por el crecimiento desmesurado del plancton y la materia orgánica en suspensión.

Desarrollo excesivo de algas filamentosas (Cladophora, Spirogyra, etc.), epífitas e incluso de algunos cormófitos flotantes (Azolla, Lemna [lenteja de agua]) que son favorecidos por las elevadas tasas de nutrientes y pueden cubrir superficies considerables.

Ambos factores (aumento de la turbiedad y desarrollo excesivo de vegetación sobre la superficie del agua) coadyuvan a que la luz no penetre hacía los suelos subacuáticos y a que los elementos en suspensión terminen por depositarse en las ramificaciones, hojas y tallos de las plantas sumergidas, que pueden encontrarse, en casos extremos, cubiertas por una vaina de materia orgánica (detritus y elementos planctónicos) que impide su crecimiento.

Junto con estos factores físicos, hay que tener en cuenta que, en algunos casos, los macrofitos acuáticos característicos de los sistemas inalterados no pueden competir con las especies invasoras adaptadas a las aguas contaminadas. Además, se establecen interacciones alelopáticas -producción de sustancias inhibidoras del crecimiento o de la germinación- todo lo que termina desencadenando una gravísima alteración de la fauna ligada al medio acuático.

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